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Al acercarse el momento de la despedida, aprovecho hacerle a don Baltazar Aguiñaga Calderón algunas preguntas más, pues debemos regresar a Mérida, manejando los 215 kilómetros que la separan de Río Lagartos, recorrido que se realiza en unas dos horas con 41 minutos. Don Baltazar me gana y me sorprende haciéndome él a mí una.
«¿De dónde son ustedes?»
‘Vivimos en Mérida, pero somos de Colonia Yucatán,’ le responde Pimpo Azcorra.
“Ahhh, un conocido mío que tenía un almacén. Fue el primer almacén que hubo allá, es don Perucho Mena, ¿lo conocieron? Creo es pariente del gobernador,” nos comenta con voz recia; como casi no escucha, habla recio.
“Yo iba a La Sierra, dormía en un galerón. Un carnicero que le decían don Talan y su hermano Manuel Rodríguez me daban posada. También conocí a don Sixto Marfil. A la Colonia iba yo cuando era un chamaco.”
“Así que ves,” me dice, “yo salgo en la televisión (en realidad en You Tube), salgo rescatando lagartos, ¿no lo han visto?” nos pregunta. “Me llevaron a Ciudad del Carmen, Campeche, a enseñarles cómo se agarra el lagarto y me dicen que va a venir un biólogo a enseñar sobre el manejo de los lagartos. Quien me llevó a mí me dice: ‘Creo que usted va a dar el curso, don Balta, porque sabe más que el biólogo’. ¿Cómo voy a dar yo el curso si él lo estudió?, le respondí.”
“Toda la vida del lagarto yo la conozco. Entonces el biólogo que iba a dar el curso le dijo a la persona que me llevó: ‘Oiga, este señor va a dar el curso.’ Y empiezo yo: Ta, ta, ta, ta. Me dice después el biólogo: ‘Oiga, don Balta, eso que usted dijo yo no lo sabía’. Ja ja ja y se supone que él lo estudió.”
“’Con lo que usted dijo ya debe de tener sus papeles del curso y más.’ Yo estaba agarrando lagartos y aquél no lo agarraba. Creo tenía miedo. Acá en la casa mis hijos lo estaban viendo por la televisión.”
“’Les voy a enseñar una cosa,’ les dije. Agarré un lagarto, lo levanté. ‘No le vaya a morder’, me dice el biólogo. Él no sabía que el lagarto tiene un puntito aquí,” me dice mientras explica cómo lo agarraba. «Así lo dominas, le aprietas un poco aquí, en su punto débil.”

Después de un buen rato de escuchar a este personaje de El Cuyo, nos despedimos, el calor ya apretaba más.
Gracias por su atención, don Balta, y disculpe que le hayamos interrumpido su descanso.
“¡No, hombre! Cuando quieras ven,” me respondió. Anteriormente, cuando fui con Mauricio (Licho), ya estaba descansando. Aunque esta vez ya se había acostado, interrumpió su descanso un buen rato para atendernos.
“Que disfruten su fiesta,” nos dijo a manera de despedida ya que la entrevista fue el día once de julio, cuando la fiesta patronal de Colonia Yucatán estaba en pleno inicio. Esa noche fue la vaquería.
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero





























