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“Trabajé como veinticinco años en el Sindicato de la Cooperativa, pero me pensionaron. No pagaban muy bien, pero a mí sí me pagaban bien. Si vas a manejar una tonelada de mercancía, a nueve pesos con veinte centavos se pagaba la tonelada por subirlo o bajarlo del barco. La empresa tenía dos grandes bodegas de madera que estaban frente a donde hoy están los soldados; ahí se almacenaba el triplay que traían en trucks de cuatro y ocho ruedas, jalados por mulas, aunque tiempo después se traían por tractor. El Ing. Felipe Rodríguez menciona que en trucks que medían un metro treinta de ancho por tres y medio metros de largo. Al principio lo traían jaladas por mulas que mudaban en Misné y en Moctezuma, como en ese tiempo no había carreteras, los embarques de productos se hacían desde El Cuyo hasta Veracruz. Así pues, se cargaban las plataformas con tablas, fardos de triplay, y se llevaban al puerto, donde se almacenaban esperando la llegada de los barcos ‘La Isla de Tris’ y ‘Santa Elena’.”
“Había trabajo fijo. En esa época tampoco había carretera que va a Tizimín. Algunos compañeros, como don Marcelo Pech (+), trabajaron un tiempo con nosotros en la construcción del muelle y luego estibando madera. Don Marcelo es papá de Bertha, Tránsito (Quirino), Victoria (Vicha), Lupita, Adela, Olga, Diego (Tachuela), Gabriel (el Bebo) y Zongo (Bernabé). Caminando se iba a Tizimín con otros compañeros apenas amanecía. Todo el día caminaban por el monte, pasando por Misné y Sucopó, hasta llegar a la Ciudad de Reyes, y luego de regreso lo mismo.”
“Cuando se cerró la fábrica, nos quedamos sin trabajo y nos fuimos a las Coloradas un tiempo a sacar sal.”
¿Había escuela acá en el Cuyo?
“Sí, ya había escuela, frente a la comisaría estaba. Como era chico el lugar, y eran pocos los alumnos, un profesor nomás había. No como ahora que ya hay Secundaria, Primaria y Kínder. Si no tenía dinero tu papá para mandarte a estudiar lejos, pues te quedabas así. Yo sólo hasta segundo estudié.”
“Muchas veces no podías estudiar. En primer lugar, tenías que trabajar para ayudar a tu papá, y en segundo, porque tu papá no tenía dinero para mandarte a estudiar lejos. En esa época hubo un profesor acá que me dijo: ‘Oye Balta, a tus hijos ya no puedo enseñarles más; si tú quieres, mándalos a estudiar a otro lado.’ Pero no había dinero para mandarlos. ‘Si quieres, que vayan a la escuela, pero a oír’. Le digo: ‘Lo siento mucho, profesor, porque si ellos ya saben lo que usted cree que puedan saber, pues que se vayan a pescar pa’ que me ayuden,’” responde después de que un camión repartidor de gas pasó anunciando su producto a todo volumen.
“Tengo dos nietos que son biólogos en Mérida: uno da clase en un zoológico y el otro está en un rancho, trabajando en lo que estudió, es Médico Veterinario Zootecnista y está estudiando la Maestría. Sus papás tienen dinero para mandarles, no como aquella época que no era así. Era más duro, no había. Te tenías que ir a trabajar, tengo un sobrino que le dicen paxin.”
“Bueno, pues acá en El Cuyo me casé en el año ’55 con Concepción Serrano, que también es de acá. No hubo Padre,” me dice don Balta en referencia al sacerdote, “porque, como quien dice, no podían venir los Padres por el transporte. Solo el Registro Civil nos casó.”
¿Cada cuándo había misa?
“Ahora cada ocho días hay, hasta ahora hay misa sábado y domingo. Antes no era así, ahora es más fácil venir.”
“¿Que si tenemos hijos? Sí, tenemos dos varones, Edilberto y Dolores, y una mujer que se llama Deysi.
“Así que ves, de joven yo chicleaba. ¿Sabes que es chiclear? Ándale, trabajar en los chicleros. También hacía agricultura, tirábamos venado. Era libre en ese tiempo, por donde quiera andábamos,” comenta esa calurosa mañana que el pronóstico del tiempo tenía una máxima de 39.3ºC.
Continuará…
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero





























