Contemplaciones desde la primavera canadiense

By on abril 23, 2020

Perspectiva

Desde Canadá

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Todos los que me preguntan cuánto me ha afectado estar lejos de la familia, no solo al decidir trasladarme para trabajar en tierras canadienses, sino ahora que no existe una fecha en el horizonte en la cual podré verlos de nuevo, han recibido la misma respuesta: si no existiera la tecnología tal vez mi inquietud y ansiedad estarían por las nubes.

En el pasado, y estoy hablando de hace apenas tres décadas, los únicos métodos de comunicación de alguien en la situación geográfica en que me encuentro eran el teléfono (y las tarifas por cada minuto que se establecía la comunicación eran bastante caras) y el correo tradicional. Aún estaba lejano el día en que, como ahora se puede hacer instantáneamente con cualquiera en todo el mundo, se pudiera establecer una videollamada.

Así pues, poder comunicarme en tiempo real con mi familia y con todos los que aprecio me ayuda a vivir tranquilo, dentro de las limitaciones existentes. Tal vez lo único que me preocupe en este momento es pensar en el futuro que nos espera a todos cuando esta pandemia esté bajo control: ¿quiénes y cuánto serán afectados por lo trastocada que quedará la economía mundial, y cuán profundo será el impacto en nuestras vidas y, en particular, en mi patria?

Pero, como bien decía un conductista que tuve el gusto de conocer: el remedio a la preocupación es retirar el “pre” a la palabra, o sea, ocuparse. Muchos de nosotros hemos encontrado en la escritura un medio de expresar lo que pensamos, y me parece que esto es algo que todos podemos y debemos hacer, mucho más cuando existe tanta incertidumbre y, peor aún, cuando ni siquiera se puede transitar libremente sin que las autoridades cuestionen nuestros motivos.

Tal vez ese sea el único «pero» que le pongo a la estrategia de contención implementada por el gobierno de Yucatán: impedir que la gente pueda salir a caminar, correr, o salir tan solo a distraerse, por su cuenta, conservando la adecuada distancia que evite la transmisión de cualquier virus, me parece excesivo.

Por otro lado, un aspecto peculiarmente inquietante es que ese aislamiento tan solo expone a grupos vulnerables a sus depredadores: mujeres y niños que conviven con golpeadores. Entiendo que la suspensión en la venta de alcohol es para evitar hasta cierto punto este tenebroso escenario, pero lo cierto es que la venta clandestina –legendaria en nuestro estado, como la bolita– continuará, con lo cual posiblemente no se logre

En el fondo, estas prohibiciones tan solo son la manifestación de la desconfianza que los gobernantes tienen en nuestra manera de ser como mexicanos, en los peores rasgos que tenemos: la ignorancia y la “viveza” que consiste en engañar a quien se deje, en doblar las reglas siempre y cuando no nos cachen.

La primera la estamos viendo en la manera en que, incomprensiblemente para aquellos que nos hemos preocupado por informarnos, mucha gente ha agredido a los trabajadores de la salud, dejando que sus miedos (en directa correlación a su ignorancia en el tema) dominen sus acciones, predicando y exigiendo el ostracismo a estas valientes personas que tienen como vocación atender nuestra salud. A estos fanáticos no les interesa informarse, ni siquiera saber si estos trabajadores han estado expuestos o no al Covid-19, tan solo desean que estén lo más lejos posible de ellos.

La segunda es aplaudida y alentada por aquellos que no han entendido que, como alguna vez escribió Mariano Grondona: “En un país donde todos se las dan de vivos, todos son tontos.” Implica aprovecharse de cualquier oportunidad que se presente para obtener el máximo beneficio personal, aunque afecte a otros. Ejemplos de esta “viveza” los vemos todos los días en nuestra paupérrima clase política. En el caso de las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria, aplica a todos aquellos que piensan que esas restricciones no son para ellos y que pueden seguir sus vidas y actividades como ellos deseen.

Desde esta perspectiva, en realidad, ambas son manifestaciones de lo mismo: la ignorancia que nos ha impedido crecer como país, ignorancia que es alentada por muchos para obtener beneficios de todo tipo, principalmente econٔómicos.

El caso es que, con lo que hemos visto, en estos días la ignorancia puede costarnos la vida.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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