De facturas falsas y fraudes

By on septiembre 12, 2019

Editorial

Los malos ejemplos cunden. Es un comentario inicial a los afanes de acumulación de riquezas en los seres humanos, que dedican el mayor tiempo de sus vidas útiles no a vivir y convivir en un sano disfrute de la paz, concordia y valores, sino que ocupan su tiempo en perseguir desmedidas riquezas; algo que, para una gran mayoría de las generaciones humanas de los siglos pretéritos, ha sido la principal razón de su presencia física por todos los confines de los cinco continentes.

La ambición ha sido oscuro signo de bajeza moral en todos los tiempos, todas las razas, todos los núcleos humanos.

Y aun cuando se acumulan riquezas, se ansía poseer más y más hasta que, como indica el refrán, “La ambición rompe el saco”.

Lo anteriormente expuesto es nuestro editorial de hoy, a propósito de la aparición del tema de “facturas falsas” utilizadas por un creciente de causantes mexicanos, obligados al pago legal de impuestos, para justificar un no pago de ellos, bajo esta falsa e ilegal cobertura que, aunque se ostente bien elaborada, es detectable por las autoridades fiscales.

Las facturas falsas son apetecidas por un empresariado voraz que, además de obtener elevadas ganancias, simula bajas utilidades para evadir pagos fiscales obligatorios legalmente, como también evitar la entrega de partes proporcionales a millones de empleados en las utilidades de las empresas, de no usar éstas la argucia de inflar sus costos de producción y operación.

A su vez, las empresas de facturación que imprimen estos tramposos documentos no cuentan con empleados reales, locales sociales, ni razón social propia. Mucho menos producen algo que sea bienes útiles y legales como cualquier empresa comercial o industrial. El círculo del engaño al fisco se cierra y una empresa informal, que genera evasión de impuestos, queda fuera de los registros oficiales de causantes.

Los pobres más pobres; los ricos, más ricos.

Una empresa puede operar fraudulentamente, y así lo hace imprimiendo y vendiendo facturas falsas que otras compran y usan. Ambas son el extremo de un proceso operativo corrupto que evita la captación de ingresos legales del Estado, así como otorgar un beneficio a sus trabajadores en la forma de pequeñas sumas anuales complementarias a través del reparto de utilidades: las trampas de las facturas falsas, ocultas en la contabilidad empresarial, protegerán al despojo.

El estado, por su parte, no percibirá los ingresos gravables completos de esta sociedad nefasta entre delincuentes empresariales vinculados por la impresión y el consumo y el uso de facturas falsas.

Pero, además, con el simple registro fiscal de empresas aliadas en el ocultamiento éstas pueden acceder empresarialmente a recursos financieros que brinde el propio estado, mediante el conducto de “amistades” o uso de “influencias” oficiales vinculadas a la corrupción. No sería extraño el caso porque, en un Estado inerme, es muy posible que no se tengan informes precisos sobre estas actividades anómalas.

La creatividad de las fuerzas oscuras de la sociedad es asombrosa. Preventa de terrenos en la luna o algún planeta cercano podrían ser viables a sus intereses en el corto plazo. Habrá que estar al pendiente.

Ingenuos e incautos, sean prevenidos.

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Diario del Sureste