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David García González (iii)

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“En otra ocasión, ya estaba más grandecito, ufff… Otra anécdota. Trabajando en el tractor en el arrastre de madera con don Ch’o (ratón en maya) ­– no recuerdo cómo se llamaba, estaba casado con Felipa Itzá –, decía el c’hó: ‘Este muchacho no tiene nada qué hacer aquí, ya que no sirve el tractor.’ Me mandó con Gilberto Acevedo (el chivo). Pues me fui con el chivo por la carretera a San Manuel a buscar madera. Estábamos tesando con un tubo los tensores que eran de cadena y se zafa el mendigo tubo y el tensor me pegó en la cara. Me botó parte de la dentadura, me abrió los labios; pensaron que me había partido la mandíbula y me llevaron al Instituto Mexicano del Seguro Social. Allá me tenían curando un buen rato por la enfermera ya que salía mucha sangre, hasta que terminó. El doctor Mario Lezama me suturó los labios; pero, como estaba incapacitado, me mandaron a Mérida. Me daban viáticos. Todo lo costeó la empresa, que me chequen por un médico especialista privado, a ver si no tenía nada más grave. Pero no: sólo fue la dentadura que me arreglaron y el corte de los labios,” me dice el nuevo inquilino de la comisaria Emiliano Zapata, mientras me enseña las cicatrices apenas visibles del accidente.

“Creo por tantas lesiones que me pasaron, me volví polvorita. Cuando jugué béisbol con Cardenales era muy delicado: las veces que me paraba a batear y la pelota me pasaba cerca, le reclamaba muy airado al pitcher. Por eso mi papá me acompañaba, precisamente para vigilarme, ya que me encendía muy rápido. Mi posición era campo corto o pitcher tapón. En el torneo juvenil, casi me llevé un campeonato de picheo; me ganó Jorge Rodríguez. De relevista tenía yo buen récord, a los dieciséis años tuve récord de ponches de quince, catorce, doce y hasta dieciséis ponches. Con los Cardenales no fui pitcher abridor.”

Hace una pausa el hermano de Betón para avisarle a su esposa: ¡Rosi, aquí está don Sebas! ‘¡Vooy!’ le respondieron. El tal don Sebas es el que les lleva todos los días tortillas de maíz.

“Tu tío,” me dice, retomando la plática, “Julio “el chino” Tejero, jugó con nosotros primera base. ¿Sabes cómo empecé a jugar en el torneo juvenil? Iba a la práctica de los Madereros a recoger las pelotas de faul que se iban al monte, y si llegaba alguien tarde al entrenamiento, calentaba conmigo. Ese Litos Alcocer siempre llegaba tarde y con él calentaba. Me empezó a explicar los secretos de pitchear, lo de la curva y esos lanzamientos. Puedo decir que él me enseño y empecé a pitchear. Él fue mi instructor. El equipo se llamaba “Zorros”, lo dirigía Carlos Ojeda -el Zorro- y Pedro Euán, el Papá del difunto Chupeta.”

¿Recuerdas a alguien de tus compañeros de equipo?

“A Pancho Tah, Calandria (Mario Villafaña), Calín Canto, Gerónimo Pool, Timo Arce; a uno que le decían el Oxidado, no recuerdo su nombre, era un tipo fuerte que se movía con trabajo, por eso le decían el Oxidado. Estaba también el Chino Euán, el Tío Sac (Gabriel Barbosa) que luego pasó a vivir a la Colonia.”

“De chamacos, jugábamos béisbol de tres bases en la calle; las bases eran tres piedras y pelota de hilo con una madera en forma de bat. Jugábamos banda contra banda, es decir, los chamacos de una calle con los vecinos de otra calle. Ni el Webis Rebolledo ni Gapo Braga jugaban con nosotros, estaban más chicos que nosotros. Así empecé a jugar béisbol.”

“A Jacinto Braga, Jas, hermano de Gapo, lo jalaron por la Maderera que tenía entre los veteranos a Luis Canto, Américo Díaz. Con los Cardenales de la Sierra estaban el Pelón (Rosendo Villafaña) que era pitcher. Teníamos un refuerzo de Kantunilkin, Quintana Roo, muy bueno, de apellido Tah, que no era pariente de Pancho Tah. El botanita era pitcher, hermano de Arsenio Cetina, que jugó también con nosotros. Estaba uno de los Chivacanes porque no le dieron cabida con Madereros y jugó con nosotros. Américo Díaz nos manejaba.”

“Cuando salí de La Sierra, tenía yo veintitrés de edad y me fui a Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. Como jugaba béisbol, me dieron trabajo en “Laguna Ocon”, era un centro maderero. Me fui porque mi hermanito Felipe estaba allá y jugaba en ese equipo; hasta la fecha sigue viviendo allá él.

“El equipo de Felipe Carrillo Puerto se llamaba “Laguna Ocom” como la empresa que lo patrocinaba. Yo era pitcher, tiraba las nueve entradas. Todos los días, en mi trabajo, tiraba piedras para que esté el brazo en condiciones para el domingo. ‘Si no quieres que te bateen, no les tires strike,’ me aconsejaba Litos. Cuando vine acá, querían que yo dirija al equipo de la Sierra.”

Continuará…

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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