Cuaresma 2019

By on marzo 8, 2019

Perspectiva

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Hoy, viernes, para los devotos de la religión católica es el primer viernes de cuaresma. El término “cuaresma” es equivalente a decir cuadragésimo, es decir, cuarenta, y se refiere al número de días que transcurren desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo, sin contar los domingos. En este período, los católicos estamos invitados a reflexionar sobre la vida de Jesús, en preparación para la Semana Mayor, y también rememoramos los 40 días que pasó solo en el desierto el Mesías, preparándose para lo que fue su ministerio y, posteriormente, sacrificio. La Iglesia nos pide que, siempre y cuando no seamos niños o adultos mayores, y además esté en nuestras posibilidades, abstenernos de comer carne los viernes para de alguna manera solidarizarnos con Jesús y su ayuno durante su período en el desierto en el que, según la Biblia, no probó alimento.

Lo religioso en mi familia proviene del lado paterno, porque del lado materno –según lo aprendido de Abraham Maslow– aún no se cubrían las necesidades básicas que permitieran entonces dedicarse a lo espiritual. Nuestra amada Chichí fue sutil, pero firme, en cuanto a lo religioso: nunca nos obligó a acompañarla en las numerosas festividades a las cuales acompaña un rezo que los católicos hemos instituido, además de la celebración semanal de la misa, y al mismo tiempo nunca dejó de celebrarlos, aunque la asistencia fuera paupérrima. Finados, novenarios, Semana Santa, Cuaresma, todos eran respetados, y las reglas que acompañaban a cada uno de los eventos eran también hechas del conocimiento de todos.

De la cuaresma, en particular destaco el hecho de que no se debe comer carne los viernes, según los preceptos mencionados. Así, ese día podíamos consumir pescado, huevo, y la delicia yucateca por excelencia en estas épocas: el sotobichay, o brazo de reina, que es un rollo de masa preparado con hoja de chaya y huevo (aunque este es opcional), y luego es cortado en rodajas y espolvoreado con polvo de pepita de calabaza y bañado con salsa de tomate. Otras delicias culinarias muy nuestras, y muy socorridas en estas fechas, son los papadzules (tacos de tortilla de maíz rellenos de huevo duro cortado en pedacitos, bañados con salsa de pepita de calabaza y tomate), y los oloches, que mi madre preparaba muy ricos, y que eran como torpedos de masa con manteca que se remojaban en el frijol colado del plato en el que se servían, acompañados de salsa de tomate.

Innumerables personas católicas dirán que se puede comer pollo ese día, porque no es carne “roja”. Y otro tanto contestará que el precepto se refiere a carne de animales, y el pollo es un animal. Luego otros dirán que podemos excusarnos de la obligatoriedad a través de buenas acciones efectuadas los viernes, que abonen a nuestra causa. Y otro tanto los juzgará por desobligados e irresponsables.

En particular, recuerdo un argumento que escuché de mi muy querido amigo Jorge, que ya no nos acompaña en este plano existencial. Jorge provenía de una familia muy religiosa, en la que dos de sus hermanos resultaron sacerdotes, por cierto. Habíamos salido a cenar los compañeros del Tec, en una de esas memorables ocasiones en que pudimos, si no todos, la mayoría, y nos aprestábamos a disfrutar de nuestra compañía y de compartir nuestros recuerdos, además de ponernos al día en nuestras vidas. Al pedir las entradas, todos olvidamos que era viernes de cuaresma, y todas las entradas tenían carne. Cuando llegaron nuestras órdenes, recordamos el precepto, y todos cruzamos una mirada de desolación. Aún sonrío al recordar sus palabras. Suspiró y nos dijo: “Bueno, en Roma ya es sábado”, y procedió a compartir con nosotros, y nosotros con él, los alimentos.

Durante la cuaresma, también es común privarnos de algo que nos guste mucho, como sacrificio de acompañamiento a lo que pasó Jesús en el desierto, esperando que el sacrificio sea sobre algo que nos provoque goce. Algunos suprimen temporalmente beber su Coca Cola todos los días, otros la cerveza, otros suprimen alguna comida, y así cada uno ofrece lo que desee, siempre y cuando sea algo que represente un verdadero reto.

¿Qué quiero decir con todo esto? Además de brindarme la posibilidad de recordar a un gran amigo, estos recuerdos relatan cómo en nuestros rumbos del sureste se vive, o vivía, la cuaresma. ¿Cuánto de lo anterior aún sucede? Lo ignoro, y aquí llego al meollo del asunto: quien en realidad desea vivir la cuaresma, lo hará, como mi Chichí lo hizo durante toda su vida, con la misma fidelidad y constancia que intentamos copiarle.

Desde esta perspectiva, las costumbres y las religiones son asumidas por los individuos voluntariamente. La decisión de prepararnos durante cuarenta días, acompañar simbólicamente al Hombre Más Grande de la Historia, preparar el camino que lo llevará nuevamente a nuestros corazones el Domingo de Resurrección, es únicamente nuestra.

Preparemos el Camino, pues, los que así lo deseemos…

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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