Contar una historia

By on abril 21, 2023

Letras

Por Rocío Prieto Valdivia

La primera vez que escuché una historia fue a los 5 años, nos las contó mi abuela.

Sentí mucha curiosidad si en verdad era cierto. Me imaginaba que mi abuela era sirena ¿o como podía ver con tanta caridad las profundidades del mar?

Aún me sigo preguntando si es una historia que ella inventó o una realidad.

 Mi abuela murió una fría mañana de noviembre. Pero su oralidad la tengo presente en mi memoria.

En la historia de mi abuela había corales, peces de muchos colores, y una mujer que perdía a su hijo en lo profundo de un abismo.

Nos decía que cada Semana Santa el Dios del mar la dejaba salir unas horas para buscarlo. Pero su voz se perdía entre las rocas… Desesperada, la mujer lloraba y gritaba, las personas que estaban cerca de las rocas no lo podían ver, ni escuchar. Entonces ella alzaba sus brazos y una lluvia finita les abría los ojos, pero como el agua era salada, no podían verla.

Así han pasado miles de años. Durante los meses restantes ella sólo merodea las pequeñas islas aledañas a la formación rocosa. Dicen algunos pescadores que la han visto, pero el Dios del mar no le permite acercarse a las embarcaciones.

A esa mujer desde entonces se le llama la bufadora; sus lágrimas te siguen mojando.

Otros dicen que es un fenómeno natural. Una de las maravillas del mundo.

Prefiero creer en la historia de mi abuela, que en las noches de luna llena nos contaba esa y otras historias que me siguen llenando de magia y emoción cuando la recuerdo.

Su rostro, iluminado por la luz de un quinqué, es la mejor razón para proseguir con sus historias cada uno de mis aciagos días.

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