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José Juan Cervera
La historia puede adoptar la figura de un lienzo de gran tamaño en el que innumerables manos trazan y dan color a estampas yuxtapuestas; en ellas concurren las técnicas más variadas, con tonalidades y acentos que dejan impresiones hondas, o incitan al olvido. Algunas veces los simples esbozos quieren hacerse pasar por obras maduras, y los aprendizajes sin cuajar por verdades completas. Pero en todos los casos anida un principio creativo que logra germinar venturosamente, o se estanca en sus primeros pasos. Su impulso inicial se solaza en dejar mucho de sí cuando no se niega ante los retos del mundo.
La Revolución mexicana encierra los significados que sus protagonistas quisieron transmitir y que sus intérpretes pretenden desentrañar, imbuidos de pasiones y preferencias ideológicas, de criterios y de expectativas que conducen miradas predispuestas: pinceles que dan colorido a los cuadros resultantes.
En su estudio denominado La bottega de la Revolución, Rafael Torres Sánchez enfoca aquellos hechos del conflicto armado que recrean las disciplinas artísticas, especialmente la literatura. Con este propósito, se auxilia de un rico marco de referencia que apela a los saberes colectivos en sus afluentes más universales y en los más cercanos a la realidad de la nación.

Con el término bottega alude al taller renacentista que albergaba los menesteres del creador artístico, del que se valía también para asegurar su sobrevivencia inmediata mediante trabajos ordinarios. Esta noción representa una de las principales analogías que dan fuerza conceptual a su acucioso ensayo. Otra de ellas subraya la distinción entre el ambiente y la calidad de los textos de los autores mexicanos que ofrecen un soporte empírico para captar las prácticas cotidianas de los hombres y las mujeres que dan sentido a la vida de un país estremecido por el paso de un régimen político a otro, proceso que nutrió una vertiente literaria de aliento narrativo, pero que no se limitó a ella.
Así es como unos escritores destacan en la memoria de las generaciones por hacer uso de técnicas efectivas para consolidar los valores estéticos de su obra; otros, a los que llama dominicales, no consiguen despegar de la línea que fijan sus exiguos recursos estilísticos, los cuales terminar confinándolos en una atmósfera cultural cercana a la de Grub Street, calle inglesa de la que Robert Darnton se ocupó en sus investigaciones de historia cultural, en la que sentaron su residencia intelectuales poco reconocidos y de espíritu mercenario. Como una extensión figurada de ella, Torres Sánchez hace referencia al barrio de Santo Domingo de la ciudad de México, famoso por la labor de los llamados evangelistas que sacan de apuros a quienes demandan sus servicios para elaborar una carta u otros documentos, en un ambiente eminentemente popular e improvisado.
A partir de la asociación metafórica de la Revolución con un huracán que trastorna la vida de las comunidades y anuncia un nuevo orden, el investigador examina los más variados aspectos del devenir cotidiano, de los que dan cuenta los narradores de esta etapa de la historia nacional: las costumbres domésticas, la vestimenta, el calzado, la alimentación, el habla y los nombres de los objetos, los apodos, el trato social, los medios de transporte, las diversiones públicas, la movilidad social, las creencias populares y todo aquello que la literatura retrata en sus páginas de expresión depurada en unos casos o de minusvalía estética en otros, a más de la participación de las mujeres en la lucha revolucionaria, las tácticas militares, las pugnas entre facciones y muchos episodios que marcaron coyunturas decisivas en su tiempo.
El autor atenúa la solemnidad que pudiera inspirar su filiación académica con el empleo de giros coloquiales en su escritura. Interroga los sucesos del pasado con la mira puesta en la historia reciente del país, como el movimiento estudiantil de 1968 y las polémicas elecciones federales de 2006. También se distingue por rehabilitar la obra de narradores que, si bien discurren entre la medianía literaria, aportan en el valor descriptivo y el contenido testimonial de sus escritos la elocuencia del detalle, este pequeño registro que complementa y equilibra las aproximaciones historiográficas tendidas sobre los rastros convulsos de la Revolución en el país.
Rafael Torres Sánchez. La bottega de la Revolución. Conflicto armado y creación artística. México, Consejo Nacional para la Cultura y las artes, 2008. 355 pp.





























