Cigüeñas, aves con hermosa leyenda

By on agosto 22, 2019

Las cigüeñas, a las que los científicos llaman Ciconia ciconia, son aves migratorias de grandes distancias.  Existen dos especies: la blanca que es la más común y numerosa, y la negra, catalogada en peligro de extinción.

Cigüeña blanca

Su plumaje es mayoritariamente blanco con negro en las alas, y las patas y el pico de los adultos adquieren un color rojo. Mide un promedio de 100 y 115 cm desde la punta del pico hasta el final de la cola, y sus alas pueden llegar a tener una envergadura entre 155 y 215 cm.

La cigüeña blanca es un ave carnívora, se alimenta de una gran variedad de pequeños animales, incluyendo insectos, peces, reptiles y pequeños mamíferos y aves. Consigue la mayor parte de su comida en el suelo, en zonas de baja vegetación o en fuentes de agua de poca profundidad.

Es un reproductor monógamo que se empareja para toda la vida. Son muy educadas y se saludan continuamente, las parejas son de por vida y solo se cambia si uno de ellos muere. El “noviazgo” es muy curioso y tiene unas formas fijas que hacen que dos cigüeñas, macho y hembra, decidan “casarse” para siempre. Emigran por condiciones climáticas, después de pasar el invierno separados, vuelven a juntarse en primavera para criar. ¿Cómo se encuentran? Quizás porque saben dónde está su nido. ¿Y cómo lo saben? Pues gracias a las estrellas y al Sol, que les sirven de guía en sus migraciones. Luego, una vez ya instalados en su hogar convenientemente “reformado”, hay otro tipo de saludos. El más llamativo es el del llamado “crotoreo”, que consiste en echar el cuello hacia atrás y hacer un ruido parecido a un castañeteo con el pico.

Lo típico es que las cigüeñas hagan sus nidos en las torres de las iglesias, pero como cada vez hay menos iglesias y más cigüeñas, han tenido que ingeniárselas y utilizar otros muchos sitios. Utilizan ramas, barro, trapos, cepellones de trigo o cebada, líquenes, musgos, plásticos, en fin, todo lo que encuentran. A veces en el nido, aparte de las cigüeñas, hay otros animalitos. Hacer el amor entre cigüeñas es complicado porque las patas son largas y el macho lo tiene un poquito difícil, pero todo es posible.

A finales de marzo, o durante el mes de abril, la hembra pone normalmente 4 huevos, a veces solo 1 y otras hasta 7. La hembra los incuba por la mañana y por la tarde el macho la releva. A los treinta y tantos días empiezan a nacer los pollos que se llaman “cigoñinos” y tienen un plumón blanco. Cada dos días nace uno y pesan unos 70 gramos, mientras sus papis están en los 4 kilos y medio, más o menos. Son muy ruidosos y hacen todo tipo de gemidos, maullidos, silbidos y hasta pequeños crotoreos, todo para llamar la atención de sus papas y los alimenten.

Cuando van creciendo, en lugar de en el buche, la comida se transporta directamente en el pico y puede ser muy variada, como lo es la dieta de las cigüeñas: desde ranas, sapos, culebras (de tierra y de agua), tritones, lagartijas, lagartos y otros anfibios o reptiles, hasta mamíferos como topos, topillos, ratones, etc. e incluso algunas crías de conejo o de liebre. Los insectos también son importantes, sobre todo saltamontes, langostas y escarabajos. No desprecian las lombrices de tierra o los gusanos, las libélulas y sus larvas, los escarabajos acuáticos ni los caracoles. A veces comen también peces o pollitos de otras aves, así como todo tipo de restos que pueden encontrar en basureros.

Tiene pocos depredadores naturales, pero acoge a varios tipos de parásitos. En su plumaje pueden habitar piojos y ácaros y, en su nido, varios tipos de mesostigmatas.

 La cigüeña blanca ha tenido un impacto notable en el folclore y la cultura humana debido a su comportamiento de anidación cerca o dentro de asentamientos humanos, su gran tamaño, y la depredación de animales dañinos.

Esta ave ha dado origen a muchas leyendas e historias a lo largo de su área de distribución, de las cuales la más conocida es la historia de que le atribuye traer a los bebés al nacer, por eso son tan queridas y protegidas. Según el folclor europeo, la cigüeña es el ave responsable de entregar los bebés a sus nuevos padres. La leyenda es muy antigua, pero fue popularizada durante el siglo XIX por un cuento de Hans Christian Andersen titulado Las cigüeñas.​ En el folclore alemán las cigüeñas encontraron los bebés en cuevas o pantanos y los llevaron a los hogares en su pico o en una cesta en la espalda. En estas cuevas había adebarsteine o «piedras de cigüeñas». Luego los bebés eran entregados a la madre o tirados por la chimenea. Cuando se quería tener hijos, los hogares colocaban dulces en el alféizar de la ventana para notificar a la cigüeña. Desde Europa, el folclor se propagó por el mundo, hasta América del Sur y países como las Filipinas.

En la mitología y religión eslava se creía que las cigüeñas llevaron las almas nonatas desde el cielo a la Tierra durante la primavera y el verano. Esta creencia persiste en la cultura popular moderna de muchos países eslavos en el cuento infantil simplificado que “las cigüeñas traen los bebés al mundo”.​ Los eslavos consideraban que las cigüeñas trajeron buena suerte, y que matarlas traería mala suerte.​

Un estudio a largo plazo, que mostró una correlación espuria entre el número de nidos de cigüeña en una región y los nacimientos humanos, es ampliamente utilizado en la enseñanza de estadística como ejemplo para poner de relieve que una correlación no indica necesariamente una causalidad. El mito de la entrega de niños apareció en diferentes formas a lo largo de la historia. A los hijos de esclavos en los Estados Unidos se les contaba a veces que los bebés blancos fueron traídos por las cigüeñas, mientras que los bebés de los esclavos nacieron a partir de huevos de buitres.​

El psicoanalista Marvin Margolis sugiere que la naturaleza duradera de la fábula de la cigüeña como portadora de los recién nacidos está ligada a una necesidad psicológica, ya que alivia la incomodidad de hablar sobre el sexo y la procreación con sus hijos. A lo largo de la Historia, las aves se asociaron con los símbolos maternales de deidades, tales como Juno, hasta incluso el Espíritu Santo, y la cigüeña puede haber sido elegida por su plumaje blanco (que representa la pureza), su tamaño (ya que parece lo suficientemente grande como para llevar a un bebé), y el vuelo a gran altitud (asociado con el vuelo entre la Tierra y el Cielo). La fábula y su relación con el mundo interno del niño han sido discutidas por Sigmund Freud​ y Carl Jung.​ En efecto, Jung recordó que se le contó la historia a él mismo al nacimiento de su propia hermana. El vínculo tradicional con el recién nacido continúa con su uso en la publicidad para productos tales como pañales y tarjetas de nacimiento.

También había aspectos negativos en el folclore de la cigüeña; por ejemplo, un cuento popular polaco relata que Dios creó el plumaje de la cigüeña blanca, mientras que el Diablo le dio alas negras, lo que le confiere características buenas y malas. En Alemania, la cigüeña se asoció también con los bebés discapacitados o nacidos muertos, lo que se explicó como un accidente en el cual la cigüeña dejó caer el bebé en camino hacia su hogar, o como una venganza o castigo por algún daño que se la administró en el pasado. En Dinamarca se decía que las cigüeñas tiran en años sucesivos del nido un pichón o un huevo.​ En la Inglaterra medieval, las cigüeñas también se asociaron con el comportamiento adúltero, posiblemente inspirado en sus rituales de cortejo. Además, el acicalamiento y su postura fueron a veces asociados con la presunción.

Cigüeña Negra

Según esta ONG, la principal amenaza con la que se encuentra la cigüeña negra es la degradación de su hábitat, debido la presión urbanística y la construcción de infraestructuras, como grandes vías de comunicación y embalses. También el precario estado de muchos humedales, afectados por la contaminación o la falta de agua.

Se ha notado la disminución mundial de esta especie por lo cual se pretende garantizar la viabilidad de los territorios de reproducción de la especie, así como de las áreas críticas necesarias para el completo desarrollo de su ciclo biológico y favorecer la ocupación de áreas potenciales o históricas en las que la especie está ausente actualmente.

En este sentido, se establecen distintos objetivos, entre ellos la protección, conservación y, en su caso, restauración de los hábitats en los que se reproduce y alimenta esta especie, así como de las áreas de concentración premigratoria, invernada y las áreas potenciales de colonización.

También se trabajará para eliminar la mortalidad no natural por colisiones, inundaciones de plataformas, electrocuciones, furtivismo y veneno, entre otros.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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Diario del Sureste