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Álvaro Pavía Angulo
Aquí el crepúsculo vespertino tiene mucho de esotérico y de amable confusión por su indeterminado colorido y majestuosidad, donde se enconde una vaga tristeza y una inquietante seducción que alegra el alma con un susurro que puede ser una sorpresa que nos dé la solución del tabú de una incógnita sentimental.
Los crepúsculos vespertinos de Celestún no son de la vulgaridad intrascendente que han captado nuestras pupilas en los años de la juventud y en la madurez reflexiva y auscultativa, no: pero tienen el poder de entrar a lo romántico y amoroso de nuestro ser, aunque seamos un poco indolentes ante las cosas rutinarias por frecuentes o invariables; y ¿por qué? Porque estos crepúsculos no tienen ninguna semejanza con los que vemos copiados en estampas sin inspiración.
Los crepúsculos conocidos los llevamos como copias en las facetas de los recuerdos; pero, ante los ocasos que se contemplan en el verano y en los estíos en este milagroso rincón marino escondido entre la lengüeta de tierra y las aguas tranquilas de la ría bordeada de bosques de eterna fronda rumorosa esmeraldina, las tonalidades del rosicler de la comba del espacio toma raros matices porque conjuga en su juego de arreboles de sombras y fugaces nubes de plumbago y sombrío contorno como son las que anuncian las lluvias, que aunque frecuentes en estas dos estaciones no llegan a inquietarnos con la amenaza de inundaciones ni la formación de pantanos malolientes a la postre, porque el caserío está emplazado en las colinas y en los terrenos someros bordeados por todos los cuatro puntos cardinales de llanos que constituyen pequeñas y suaves vertientes que llevan las aguas a la ría del mar. Esta es una de las condiciones y características físicas de Celestún que le aseguran su ambiente saludable, su brisa fresca con olor de campo y de floresta, y una apacibilidad en las corrientes marinas y en las tranquilas aguas de la ría que permiten a la inmensa variedad de peces formar cardúmenes y compactos grupos que hacen fácil y productiva la pesca.
Existen proyectos y algunos trabajos adelantados para comunicar esta pintoresca y acogedora población costanera con Mérida y otras poblaciones surcadas por la comunicación terrestre internacional como la villa de Umán.
Quienes elaboraron exhaustivamente estos proyectos tomaron en cuenta la realidad actual de la población y la productividad de Celestún y siempre consideraron que la distancia, por una parte, y el cruce de la ría y de los pantanos significaban erogaciones desproporcionadas con la importancia de la población y la actual productividad del lugar; pero no toman en cuenta quienes tal piensan que la importancia y el incremento integral de Celestún sería automático y fabuloso, porque la riqueza de su pesca, las condiciones de sus salinas de impoluta blancura y la calidad de su sal, las condiciones excepcionales de su clima y otras que le aseguran condiciones de salubridad, serían atractivos imponderables para el turismo, para el fomento de industrias pesqueras, para el comercio y la expansión de sus salinas aumentarían el servicio de cabotaje de su Aduana.
Tan visibles como prácticas condiciones físicas se adunan y fortalecen con el carácter hospitalario y acogedor de los celestunenses.
Diario del Sureste. Mérida, año XXXIII, tomo CXXXI, 20 de julio de 1964, pp. 3, 7.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























