Cantando Cuentos Cortos (VI) – En El Teatro

By on agosto 31, 2016

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Cantando Cuentos Cortos

En El Teatro

 

Señores, ustedes decidan lo que ponemos a su consideración: empezamos la obra aun faltando parte de la escenografía, o esperamos a que ésta llegue, aunque haya retraso. Ustedes tienen la palabra, nosotros estamos para servirles.

Se decidió empezar. Los actores van apareciendo en escena, unos cantando, otros bailando, algunos saltando o caminando. En esta forma se empieza a comprender la trama de la historia que veremos realizarse, y de la que todos tenemos algún conocimiento.

En esas estábamos, cuando empezamos a ver aparecer por los pasillos hombres cargando sendas piezas de madera y armazones de hierro. Con esta interrupción la escena se paraliza.

Nuevamente, el director explica al público lo que está ocurriendo. Dice: “Han llegado las piezas que hacían falta para la representación correcta de la escena; con esto, ustedes comprobarán lo antes expuesto. Por esta razón, empezamos de nuevo la representación.”

Reconocemos cuánta razón tenían las explicaciones que anteriormente se habían dado.

De nuevo los actores aparecen en escena; empezamos a comprender el drama del “Caballero Andante” que pretende impartir justicia por la dolida humanidad.

Queda todo maltrecho y estropeado por haber confundido un molino de grandes aspas con un monstruo, pensando sería una amenaza para la aldea de pacíficos habitantes donde él se encontraba.

En su continuo andar, encuentra en el camino un grupo de maleantes que tenían a su servicio a una hermosa doncella que, entre la mugre y su andrajosa vestimenta, no dejaba ver la belleza escondida de su alma. Aun así, el iluso caballero sí pudo vislumbrarla, por lo que la corteja con el más exquisito vocabulario que ella nunca antes había oído, y queda tan sorprendida que hasta cree estar soñando.

En una noche serena y en medio de la tibia brisa que refrescaba el corral, entre los animales que la rodeaban, fue que aquella doncella, maltratada por las circunstancias en que vivía, empezó a sentirse bella, buena y merecedora de mejor suerte.

Llenó un balde de agua, se miró en ella; se lavó la cara, peinó sus cabellos, cosió sus andrajos y se sintió una dama.

Cantando, se dirigió al grupo de sus compañeros que, al darse cuenta de su presencia, lejos de elogiar su buena figura, con burla y razón cada uno de ellos quisiera apoderarse de su cuerpo.

Tras desesperada lucha por huir de la feroz turba, corriendo por los caminos, logró llegar hasta donde se encontraba su gentil caballero, que solo le había brindado su protección y cuidado.

Mas cual había de ser su pena, al encontrar que aquel caballero agonizaba, por haber recibido tantos golpes a cambio de todo el amor que él brindaba.

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CAMINANTE

Si alguna vez, caminante,

has errado tu camino,

puedes pedirme posada;

en el techo que cobijo

hay lugar y el hogar

para refugio y olvido.

Para encaminar tu andar,

si acaso lo has perdido,

mira de nuevo el sendero

y más corto has de sentirlo.

Si al llegar a tu destino

vuelves de nuevo a mirar,

pensarás ésa es la meta

que esperaba tu llegar.

Mas si el correr de los años

vuelves el sendero a andar,

no te arredres, caminante,

que de nuevo has de empezar.

Echa tu fardo a la espalda,

aunque pesado estará,

toma de nuevo el camino,

que algún día llegarás.

JOSEFINA REYES SAURI

 [Continuará la próxima semana]

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