Canoterapia: los beneficios de la terapia con perros en personas de la tercera edad

By on febrero 20, 2015

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Estudios han demostrado que las personas mayores de 65 años que poseían un perro sufrían depresión con menor frecuencia que los que no lo tenían. Se concluyó que el perro podría actuar como soporte de las emociones, convirtiéndose en un ser en el que se puede confiar y a quién se le habla, dándosele así al anciano un apoyo ante el aislamiento y la soledad. Los animales de compañía aumentan la autoestima, disminuyen la ansiedad y la agresividad. La sola presencia de animales en casa puede hacer disminuir la presión arterial y la frecuencia cardíaca, e incluso se ha detectado una disminución de la necesidad de algunos medicamentos.

Otro estudio sobre terapias con perros concluyó que las personas que tienen perros, o contacto frecuente con ellos, realizan menos visitas al médico. Esta realidad parece ser resultado de la disminución del estrés, debido a los beneficios que el animal le da a su dueño, no solo por acciones como pasearlo o darle de comer, sino que le crea una serie de rutinas diarias.

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Basándose en diversas investigaciones, y en los estudios previos a la terapia con perros, se ha demostrado que uno de los problemas que más sufren los ancianos es la soledad. Por eso, uno de los objetivos propuestos es dar cariño a través de los perros a los ancianos, y así disminuir el sentimiento de soledad y aislamiento. Un anciano, refiriéndose al perro de terapia, decía: “a él no le importa si tengo el pelo blanco, si no tengo dientes o si no me acuerdo del nombre de mis hijos”. Este es un testimonio que puede representar los sentimientos que a menudo experimentan estos ancianos.

La canoterapia también aporta ciertos beneficios físicos. El simple hecho de acariciar al perro provoca un relajamiento, lo cual se traduce en una disminución de la presión arterial. Además, están los movimientos del brazo, la mano y otras partes del cuerpo, que se ven obligados a realizar para acariciar a los canes, a estirarse, a volverse, etc., durante las sesiones de terapia con ellos.

Se ha visto que, durante las sesiones de terapia con perros, se despierta el divertimento en los ancianos  y que, terminando la terapia, rara vez se acuerdan del dolor que les acuciaba, de la rutina que les aburría. Además, por lo general establecen conversaciones sobre los perros o recordando sus mejores momentos con otras mascotas.

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Vemos cómo el perro es canalizador de conversaciones no sólo entre ancianos, sino también entre ellos, sus familiares y amistades. Ancianos introvertidos que no se relacionan con los demás ni se integran, parecen cambiar tras la llegada de la terapia con perros. Se inician en conversaciones con los canes, les guardan la comida, el perro se convierte en su confidente, en alguien que le apoya y que le transmite confianza,  y acaban preguntando cuándo vuelven a su terapia con ellos, preguntando qué comen, cómo se les adiestra para terapia, etc. Se favorece el intercambio afectivo, dando y recibiendo cariño. Y a esas edades suele hacer falta el recibir, lo que acelera los procesos seniles.

El anciano adquiere nuevas responsabilidades, lo que le hace volverse más activo, se preocupa más por sí mismo, dejando así el abandono en el que se sumen tras la soledad. Su vida toma ritmo con la terapia, espera el día de llegada, están pendientes del perro.

Y todo para que con su llegada una sola caricia, una sola mirada del perro, los lleve a seguir sintiendo, a querer, a conocer… a vivir.

Dra. Carmen Báez

Presidenta de El Muro Mérida A.C.

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