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Mi afición por el deporte se remonta a mis años mozos. Desde pequeño practiqué fútbol, béisbol, basquetbol, hasta llegar a las Artes Marciales. Antes de ingresar al dojo, hubo un tiempo en que, a invitación de mi hermano Enrique, practiqué tenis, disciplina que me encantó pues mejora la salud, fortalece los músculos de todo el cuerpo, un deporte completo que beneficia tanto al cuerpo como a la mente.
En aquellos años, en Imevisión, transmitían las finales de los principales torneos de tenis, por lo que conocí a las grandes figuras de la década de los 70s y 80s.
Con el paso del tiempo, dentro de mi currículo periodístico, fui coordinador de la Sección de Deportes del periódico Por Esto. Dentro de las innovaciones que implementé, incluí más información de tenis, destacando sobre todo las finales del US Open, Roland Garros (Francia) y Wimbledon (Inglaterra).
En el nuevo milenio, dentro de los mejores del planeta, estaba un español sumamente aguerrido, Rafael Nadal, que irrumpió en las canchas para convertirse en un ídolo total.
Todo esto viene a cuento porque recientemente tuve oportunidad de disfrutar en Netflix de la miniserie documental “Rafa”, que en cuatro episodios ofrece un relato íntimo y realmente crudo de este deportista que fue capaz de llevar a su cuerpo al límite con tal de continuar participando al máximo nivel.
Dirigida por Zach Heinzerling, y producida por Skydance Sports, presenta tanto la etapa final de la carrera de Nadal, como sus inicios y los momentos cumbre de su brillante trayectoria.
En sí, es una historia de la constante lucha de Nadal contra las lesiones, hasta quedar totalmente destrozado, debiendo asumir su retiro del tenis profesional. No es simplemente una recopilación de sus grandes triunfos, sino una revisión de lo que ocurre cuando un deportista empieza a enfrentarse con su propio cuerpo, tras dos décadas de parecer prácticamente indestructible.
Nadal terminó su carrera con 22 títulos de Grand Slam, incluidos 14 Roland Garros. La serie centra el foco de atención en el costo que Rafael tuvo que pagar para llegar a lo más alto: lesiones, dolor, incertidumbre, y la terrible dificultad de aceptar que el cuerpo ya no responde como antes.
Intercalando escenas del presente con otras del pasado, la serie desmitifica al campeón sin destruir el mito, funcionando muy bien porque logramos entender el enorme sacrificio que este gran deportista debió realizar para convertirse en el guerrero de Roland Garros, un competidor que jamás se rindió, el fiero rival de Roger Federer y Novak Djokovic (otros dos monstruos del tenis), un tenista que jugaba literalmente hasta el límite del dolor.
Es un documental duro porque retrata a un hombre que ama ese deporte, pero que sabe que ha llegado al final y no sabe exactamente cómo despedirse.

Visualmente, se agradece el abundante material nunca mostrado, el acceso a la intimidad de su hogar, a su convivencia con su familia, su esposa, su hijo, sus padres, así como su equipo, quienes lo acompañaron durante su carrera.
El eje de esta miniserie es la relación de Nadal con su propio cuerpo: tras tantos años de lesiones, se convierte en su principal adversario. De esto proviene la dimensión emocional de la producción.
No es necesariamente una serie para aficionados al tenis, ni exclusiva para amantes del deporte, en general; es un producto apto para cualquiera, para los amantes de las biografías, de las historias de superación, de redención, para quienes disfrutan del periodismo documental.
Es una historia de un personaje enfrentado al paso del tiempo. Vale mucho la pena. Yo elegí disfrutar un capítulo cada día, y el viaje entero resultó emocionante, sumamente emotivo. No es casualidad que la miniserie esté nominada al Emmy.

https://www.youtube.com/watch?v=r1_zX-7reTM
RICARDO PAT





























