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Billie Holiday, mi musa

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He notado que, conforme envejezco, más retorno a tesoros sonoros que llevo muchos años sin escuchar. Es el caso de mi adorada Billie Holiday, a quien agradezco haberme cautivado con su voz. Fue una de las musas que me acompañó en mi trayectoria profesional, tanto en el periodismo como en la caricatura.

Cuando digo que su voz me acompañó es porque, mientras redactaba o dibujaba, las canciones de Billie me resultaban de las más adecuadas, ya que ella tiene una cualidad muy poco común: no exige toda la atención del oyente, pero tampoco pasa desapercibida. Su voz crea una atmósfera íntima que acompaña muy bien actividades como escribir, leer o trabajar frente a la computadora.

Hablando de su voz, su técnica no se basaba en una gran potencia vocal, sino en el fraseo. Ella misma dijo que desde niña escuchaba atentamente a músicos como Louis Armstrong, aprendiendo a «cantar como si improvisara con una trompeta». Dios sabe las bendiciones que concede, pero esa forma de retrasar ligeramente las entradas, jugar con el tiempo, y enfatizar ciertas palabras hace que cada interpretación de Billie parezca una conversación, más que una ejecución.

Si eres de quienes, como yo, trabajan desde una lap, una PC, una Tablet, disfrutando al hacerlo con música de fondo, te recomendaría escuchar por las mañanas “All of Me”, “Easy Living”, “The Very Thought of You”. Para escribir o leer, recomiendo: “I Cover the Waterfront”, “I’ll Be Seeing You” y “Everything Happens to Me”. En horario vespertino, escuchen: “Solitude”, “Good Morning Heartache”, “You’ve Changed”; y ya en la nochecita: “I’m a Fool to Want You” y “You Don’t Know What Love Is”, ambas del album Lady in Satin.

Quienes vienen del rock se sorprenden al saber que muchos de los grandes músicos de rock admiraban profundamente a Billie Holiday. Janis Joplin la citaba como una de sus mayores influencias por la honestidad emocional con la que cantaba.

Esa misma idea (privilegiar la verdad interpretativa sobre la perfección técnica), aparece décadas después en cantantes como Tom Waits, Joe Cocker e incluso en las últimas grabaciones de Johnny Cash.

Hay artistas cuya voz impresiona por su virtuosismo. Billie Holiday pertenece a otra categoría: la de quienes logran que, después de unos pocos compases, uno deje de pensar en la técnica y simplemente crea cada palabra que canta. Eso es mucho más difícil de conseguir.

Muchos críticos consideran que el disco “Lady in Satin”, de Billie Holiday”, representa la belleza de una artista que convierte sus propias cicatrices en arte. Por su parte “Songs for Distingué Lovers” (1957) es un álbum que muestra a Billie Holiday en una etapa madura.

Recomendé canciones porque con Billie Holiday no existe un consenso absoluto de cuál sería su mejor álbum, ya que gran parte de su legado fue grabado en la era de los discos de 78 rpm, antes de que el LP se convirtiera en el formato dominante. Por ello, muchas de sus obras más celebradas son recopilaciones o álbumes armados posteriormente.

Entre críticos, historiadores del jazz, y publicaciones especializadas suelen destacarse estos tres: Principio del formulario “Lady in Satin” (1958), considerado por muchos su obra maestra y uno de los discos más conmovedores de la historia del jazz. Fue también su último gran álbum de estudio, grabado apenas un año antes de su fallecimiento. Pese a que su voz había perdido gran parte de la extensión y pureza de sus años juveniles, ganó una profundidad emocional extraordinaria. Mención aparte merecen los arreglos orquestales de Ray Ellis, los cuales envuelven cada interpretación con un tono casi cinematográfico.

El segundo es “Songs for Distingué Lovers” (1957), que muestra a Billie Holiday en una etapa madura, acompañada por algunos de los mejores músicos de jazz de su tiempo como Ben Webster, Harry «Sweets» Edison, Jimmy Rowles. De aquí surgieron grandes canciones como lo son “Day In, Day Out”, “A Foggy Day” y “Just One of Those Things”. Aquí, su voz aún conserva mayor flexibilidad que en Lady in Satin, combinando elegancia con una intensa carga expresiva.

El tercero es “Billie Holiday” (1954), uno de los mejores ejemplos de su etapa de madurez artística. Muchos especialistas consideran que aquí alcanzó un equilibrio ideal entre experiencia interpretativa y capacidad vocal. Las canciones memorables son: “Love for Sale”, “Moonglow” y “East of t “Strange Fruit”, “God Bless the Child”, “Fine and Mellow”, “Lover Man” y “I Cover the Waterfront”.

YouTube Video

https://www.youtube.com/watch?v=3C5zYKIuoxg

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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