“Balbuceando la Poesía”, de Fernando Rivas Castillo

By on noviembre 7, 2019

Atisbando Libros

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

Hace unos días recibí de mi compañero de pluma, el poeta Fernando A. Rivas Castillo, un ejemplar de su nuevo libro “Balbuceando la Poesía”, la letra de un son titulado “Cantinero Cubano”, en una añoranza a la Cuba que dejó para ir en pos del sueño americano, cargado de nostalgia por su mujer y su Patria.

También recibí un trabajo musical, un ensamble de músicos cubanos, venezolanos, cubanoamericanos, y puertorriqueños, cada uno en diferentes ciudades: La Habana, Maracaibo, Miami y San Juan, respectivamente, tocando cada grupo musical en un alarde técnico, cada uno con sus partituras y el sabor antillano, teniendo como elemento común la obra de Joseíto Fernández, su “Guajira Guantanamera”, sobre las décimas de José Martí, para darle un sabor de reconocimiento patrio.

Gracias, Fer, por tus atenciones.

Gracias especiales por tu libro, “BALBUCEANDO EL POEMA”.

Con la simplicidad de este título general, el cantilenista, ensayista y poeta Fernando Augusto Rivas Castillo agrupa una gran variedad de poemas a través de los cuales descubre, analiza y expone diversas situaciones de su espíritu inquietado. Casi un par de centenares de poemas inéditos nacen en su peregrinar viajero, y una parte de ellos pasan a formar parte de esta nueva edición de balbuceo poético, dejando constancia escrita de su inspiración.

El autor, conocedor del proceso que da vida a un libro, que revisa y escribe, que estudia el proceso de las células que dan la vida orgánica, incursiona ahora en las que dan la vida espiritual… que en vez de sangre dan luz; en vez de la monotonía mecánica, las trasforma en melodías de laúd y, a cambio de la vida agitada, nos brinda con la paz del espíritu su poema “Mérida Antigua”,  o nos lleva a filosofar sobre “El Cosmos”.

En efecto, en este nuevo tomo se agrupan poemas de diverso matiz emocional y sentimental. Todos giran alrededor de sus propias emociones y sentimientos, aunque sin encerrarse en el claustro del egoísmo con lo suyo o con los suyos, sino abriendo de par en par las puertas de su alma y de su emoción para percibir las vibraciones del mundo, recogerlas e interpretarlas.

Cada vez se demuestra que su vida como visitador médico le proporcionó un amplio horizonte, conoció gente, aglutinó experiencias e imágenes que transformó en poesía y dio pie a su construcción musical, con galardones.

En este libro, que es solo una parte de su poemario –tuve en mis manos el material original, que da para hacer otros cuatro libros–, su pluma puede marchar a tono o, por mejor decir, puede complementarse. Cuando este humanista trasmuta el vapor de una máquina en la comprensión del dolor y el sentimiento ajeno, la herramienta de acero se transforma en bálsamo, y su pluma se torna bisturí de blandos centros sensorios que no manan sangre, sino trinos de pájaros que se transforman en versos…

Adelante, Fernando. Eres un Quijote moderno que enseña a Sancho, ama a Dulcinea, y pelea contra molinos de viento, para dejar su huella en las páginas de un nuevo libro.

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