Balam, Crónica ficticia de un liderazgo

By on agosto 22, 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

César Ramón González Rosado

PRÓLOGO.

Por Jorge Parra Zapata

“Se necesita ser maestro para poder valorar en todo lo que vale la entrega apasionada del gremio magisterial para servir a la mejor causa de México que es: la de instruir a su juventud” y en esa difícil tarea existen maestros que han dejado huella profunda en el ejercicio de su profesión como es el caso del ameritado maestro y prolífico escritor D. César Ramón González Rosado, quien en una agradable charla, mientras paladeábamos el primer café de la mañana, el titular de esta columna don Roldán Peniche Barrera y el que esto escribe, recibimos de D. César Ramón una de sus obras, que quiero pensar la escribió para la comunidad estudiantil y en especial para los jóvenes de la tercera edad o de la edad acumulada como se dice actualmente, ya que en esa obra, el propósito del autor es poner en Balam, quien es el personaje principal de la misma, el recuerdo imperecedero de un gran líder que desde pequeño dio muestras de su liderazgo, en virtud de que siempre luchó para que la voz del estudiantado sea escuchada y atendida en sus justas demandas y como lo que se consigue en pequeño es casi seguro que se logre en grande, Balam con el tiempo llegó a convertirse en el máximo líder de la Federación Estudiantil Yucateca

La obra se titula: “Balam: Crónica Ficticia de un Liderazgo”, en ella, la excelente pluma del erudito César Ramón logra despertar el interés del lector por la misma, a tal grado que uno empieza a leerla y no se detiene hasta concluirla; todos sus capítulos son sumamente interesantes y tienen una secuencia gradual, es decir, el interés de cada capítulo va en forma ascendente.
Pues bien, Balam, orgulloso de su origen maya, con el tiempo llegó a ser el máximo representante de la clase campesina e inclusive ocupó una secretaría durante un período presidencial y en dos ocasiones se desempeñó como Gobernador del Estado de Yucatán.

Desde luego, como cualquier ser humano, ese líder agrarista también cometió errores y se caracterizó por ejercer su gobierno prácticamente con muy pocas horas de descanso, dejando para Yucatán dos obras imperecederas como la creación en el Área rural de 46 escuelas secundarias conocidas con el nombre de módulos, las cuales con el tiempo llegaron a cumplir su consigna.

Y la consigna era que el hijo del campesino no necesariamente tendrá que seguir siendo campesino, puesto que con estudio y preparación tiene derecho a aspirar a mejores condiciones de vida y el otro detonante fue la creación de una magna obra que permitió la activación de la marina mercante sin la cual, Yucatán no sería lo que es hoy.

Don César González, gran educador, nos demuestra en esta obra que todo lo grandioso es triste porque el personaje principal de esta obra sufrió una derrota al aspirar a la Presidencia Municipal de Mérida, factor que prácticamente fue el principio del fin de un líder nato, que supo dar lo mejor de su liderazgo al Estado de Yucatán.

A nuestros amables lectores les recomiendo ampliamente la obra: “Balam, Crónica Ficticia de un Liderazgo”, porque es una obra audaz que nos anima a ser mejor en el campo que ejercemos.

 

1

A temprana hora despertó, serían la cinco de  la mañana. Dejó su hamaca y fue al brocal del pozo para darse un baño tempranero. La soga ensartada en el carrillo con la cubeta en el extremo sonaba como un canto de grillos al descender con rapidez hacia el ojo de agua. “Jaló” la cubeta de regreso. Con una jícara se echó  agua en la cabeza y restregó su cuerpo con jabón y estropajo. Poco después se vistió, remojó los bizcochos en la taza de chocolate que su madre le había preparado y bebió de prisa. Abordaría una hora más tarde el camión con rumbo a Mérida distante de su pueblo unos 50 kilómetros. Todos los días haría el mismo recorrido de ida y vuelta para asistir a la escuela secundaria.

Era el primer día de clases, ingresaría a la Cisneros. Atrás quedaban los años infantiles cuando las excursiones a las grutas de las cercanías, los baños en los cenotes y su convivencia con los niños campesinos de los que aprendió a hablar la lengua maya.

Atrás quedaban las verdes milpas cuidadas por los Aluxes, las ruinas mayas por el camino del cerro, las culebras, los iguanos, las cacerías de chachalacas y las codornices con los tirahules También el agua de las sartenejas y las piñuelas silvestres para mitigar la sed que ocasionaba el caminar por las veredas del monte bajo el sol canicular.

 Se llamaba Balam, que significa jaguar en lengua maya. También espíritu maya encargado de proteger a los poblados, a las milpas y a los hombres. Su padre admiraba lo autóctono por eso le puso ese nombre. Sus apellidos: Ek, que significa estrella, Ché, madera, la reciedumbre de su espíritu. Su nombre completo Balam Estrella Madera.

Balam no era el primero en la escuela, pero tampoco el último, aunque no por falta de talento. Es que se ocupaba de otros trabajos que le distraían de las tareas escolares. Gustaba ayudar en la siembra y en la cosecha de las milpas y a veces también en trabajos más rudos como el desmonte y la quema para preparar el terreno. Sabía distinguir entre los granos de maíz, de frijol o de calabaza las mejores semillas para depositar en los surcos de la tierra.

 Por instinto se interesaba en el bienestar no sólo de los miembros de su familia sino también de sus amigos y las familias de éstos. Preguntaba por todos y  si algún problema había era capaz de aconsejar su posible solución. De ahí que poco a poco, desde temprana edad,  le seguían los niños de la escuela y comenzó, sin darse cuenta, a ejercer un liderazgo natural entre sus compañeros.

Nació Balam dieciséis años después del asesinato de Felipe Carrillo Puerto, gobernador socialista de Yucatán que hiciera importantes cambios y trascendente obra social en beneficio de los campesinos y obreros.

Aprendió en la escuela primaria un bello himno que cantó siempre con fervor patriótico cuando se conmemoraba al gran gobernador: “Fue tu bandera la unión, tu escudo la virtud, por eso el indio con fe, te tiene gratitud…

Así que  Balam creció bajo el influjo de la corriente socialista de la educación que dejó imborrable huella en su vida y que  consolidaría una fuerte preparación teórica para su natural liderazgo.

Celoso de las causas justas, alguna vez en la escuela organizó una protesta contra el fraude que se gestó con motivo de las elecciones para presidente municipal de su pueblo. Al candidato don Antonio García, padre de uno de sus compañeros, le habían robado las elecciones.

Entonces en los pueblos no se depositaban las boletas en urnas. Apostados por separado en el  parque los seguidores de los candidatos fueron contados  por los representantes del gobierno  Era evidente que D. Antonio tenía mayoría. Sin embargo, le dieron el triunfo al candidato oficial. Muy enojada la gente de don Antonio decidió ir  caminando a Mérida para protestar, pero no les hicieron caso.

Atento Balam a los acontecimientos, durante la hora del recreo reunió a un grupo de niños como él. Elaboraron pancartas con frases alusivas en contra del fraude y el director de la escuela les concedió permiso para  protestar  ante la autoridad.

Así lo hicieron. No menos de 150 niños  se encaminaron al parque del pueblo, justo enfrente del palacio municipal. Al verlos aproximarse el presidente les dijo:

-Qué hacen ustedes aquí, es hora de estar en  clases. Seguramente el renegado de su profesor los envió para crear problemas. Pero ya me las pagara, voy a pedir que lo cesen por utilizar a niños en asuntos políticos.

– No presidente, – respondió Balam- venimos solos por nuestra propia cuenta para protestar por el fraude electoral cometido y que Ud. permitió haciéndose al disimulado. Y eso de los asuntos políticos que Ud. dice, también es de nuestro interés.

-¡Ah! ¡Qué niño tan malcriado! ¿Te enseñan en la escuela que le faltes el respeto a la autoridad?

-Nosotros no faltamos el respeto a Ud. ni a nadie. Pero sí queremos dejar constancia de nuestra inconformidad por el fraude en las  elecciones. Y entregándole un escrito al presidente le pidió que  firmara copia de recibido. El alcalde para quitárselos de encima, pues ya la gente se estaba amontonando curiosa y admirada por la valentía de los niños, firmó de mala gana y agregó. -Está bien, me doy por enterado de su protesta y haré llegar el escrito a las autoridades de Mérida.

– Vámonos  muchachos, regresemos a nuestra escuela, -gritó Balam- al mismo tiempo que recibía los aplausos y felicitaciones de sus compañeros. –Se terminó el tiempo del recreo, volvamos a clases. El presidente municipal refunfuñando se dirigió  a su oficina y pidió le sirvieran una infusión de hojas de naranja para calmar sus nervios, al mismo tiempo que pensaba. -Ya me las pagará ese mal dado profesor.

Pero decíamos de Balam en su primer día en la secundaria. El profesor  Juan José  prefecto de la escuela, formó a los nuevos alumnos en cuadro alrededor del patio central. Circunspecto y de voz fuerte, instruyó sobre las normas a seguir en la escuela como si fuera un cuartel de soldados y no de estudiantes que iniciaban apenas la secundaria. Les hacía marchar y gritaba: uno “spisquierdo, uno spisquierdo”

Temerosos todos escucharon las instrucciones, no así Balam al que no causaron temor alguno las bravatas del maestro, que más deseaba impresionar y reírse un poco de los novatos que asustarlos. Los alumnos veteranos que observaban la bienvenida, si así se le podía llamar, también reían de buena gana pues ya conocían a Juan José que se caracterizaba por su bondad y su espíritu de justicia. Balam  pensó: .-Me cae bien, ya veremos….

En los siguientes días se encontró de nuevo con lo que sería su vocación, la política. Dos grupos de muchachos con sus líderes al frente se disputaban la elección de lo que llamaban el círculo de estudiantes, esto es, la sociedad de alumnos. Pronunciando encendidos discursos en los que prometían los candidatos todo género de mejoras, solicitaban el voto de sus compañeros para las ya próximas elecciones.

Transcurridos los comicios el candidato perdedor no estuvo de acuerdo con los resultados y como solía suceder en esos tiempos la ley del más fuerte se imponía. Los inconformes agredieron físicamente. Las narices sangrantes, las espinillas contusas  y los moretones abundaron en ambos bandos, sin embargo los villanos  impusieron su voluntad sin que nadie lo evitara en medio del escándalo estudiantil.

Aunque nuevo en la secundaria Balam reaccionó a su naturaleza. Algo habría que hacer. En su mente pasaron los acontecimientos del fraude electoral de su pueblo, la protesta de los niños encabezados por él mismo, el cese del director de la escuela por haberles dado permiso y el regaño del presidente municipal a los alumnos que según él, no se debían inmiscuir en asuntos de los adultos.

Algo había que hacer, pensó, y se convirtió en periodista estudiantil. Con valor e inteligencia publicó con ayuda del mimeógrafo  un sencillo periódico en el que denunció el atropello cometido por los bravucones que habían usurpado la presidencia del círculo de estudiantes. La reacción de sus compañeros no se hizo esperar: Arengados por nuestro personaje, se reunieron en el patio central y se declararon en huelga hasta que las autoridades de la escuela restablecieron el orden. Así sucedió, los usurpadores fueron sancionados y tomó posesión de la presidencia el candidato electo por voluntad de la mayoría.

A partir de entonces quedó sellado el destino de Balam. Como en la primaria, no sería el primero en los estudios pero tampoco el último, le distraían otras tareas, ahora ya no del campo sino de los asuntos estudiantiles. Al siguiente año resultó electo presidente y fueron muchos los logros obtenidos para mejorar las condiciones de estudio de sus representados.

Así comenzó a relacionarse nuestro amigo con las autoridades del estado: el presidente municipal de la ciudad, diputados, senadores y hasta el mismo gobernador  le recibía en audiencia. Veían en él a un joven con futuro en  la política que convenía a los intereses revolucionarios  del partido. Balam se dejaba querer por los políticos y obtenía siempre de ellos concesiones y apoyos diversos para la grey estudiantil y desde luego algo siempre quedaba para los gastos de  gestoría.

No actuaba solo. Contaba ya con un grupo de colaboradores con diversas habilidades, unos, los más fuertes, eran una especie de muralla humana que el mismo encabezaba y que lo protegía de las amenazas de los contrarios, pues Balam, como general que va al frente de su tropa, también intercambiaba golpes como el mejor cuando era necesario  en las peleas por el poder estudiantil.

 Otros, los intelectuales, redactaban panfletos, discursos, editaban periódicos y ocupaban, como grupo pensante, los principales puestos en la directiva del círculo de estudiantes. Asistían también a las audiencias con las autoridades y de este modo se iban formando otros liderazgos que más tarde le disputarían a Balam el poder y que en su momento también sabría eliminar de la competencia a través de estrategias no siempre congruentes con los principios de justicia que decía sostener.

Terminada su gestión de dos años como presidente del círculo  de estudiantes y concluida la secundaria, ingresó a la escuela preparatoria dependiente de la Universidad del Estado. Balam fue electo presidente de la “prepa” cargo que ejerció durante dos años y posteriormente por su hábil liderazgo presidente de la Federación Estudiantil que agremiaba a escuelas secundarias, preparatorias y normales que sumaban varios miles de jóvenes, en cuya gestión destacó por sus logros a favor de sus representados.

Sin embargo para la Federación Estudiantil no le fue fácil obtener el triunfo. Otro líder estudiantil de la preparatoria que apenas iba en ascenso le  disputaba el cargo. Su nombre era Abel. Organizó con la ayuda de sus colaboradores una fuerte campaña electoral opacando la de Balam, que, confiado, no le puso fuerza suficiente a la suya.

Abel recorrió las escuelas secundarias y la única preparatoria de la ciudad de Mérida, que para entonces se ubicaba en el edificio de la Universidad. También recorrió con entusiasmo la Normal de Mérida,  las secundarias  del interior del estado y la  Normal de Tekax en busca del voto de sus compañeros. Abel era carismático, sus encendidos discursos entusiasmaban a la masa estudiantil.

Balam se preocupó por la popularidad de Abel e imprimió más fuerza a su campaña. Pero se decidió tarde cuando las elecciones estaban cerca y no tuvo tiempo de contrarrestar la fuerza política de su adversario.

Llegaron los días de la votación. El gobierno, que a través de la Dirección General de Educación era el árbitro, llevó a efecto en diferentes días programados los comicios. Y cuál no sería la sorpresa de Balam al ver que conforme los votos se recogían, no lograba dejar atrás a su adversario y poco después era superado, si bien por escaso margen.

Pero la suerte estaba de su lado. Un incidente en un automóvil en el que viajaban algunos partidarios de Abel, al jugar con una pistola se disparó accidentalmente hiriendo de gravedad al chofer.  El herido tuvo que ser trasladado con urgencia a un hospital en donde por fortuna le salvaron la vida. Pero se armó el escándalo, intervino la policía, la Procuraduría, vinieron los reclamos, se desató la violencia estudiantil. Entonces Balam exigió al gobierno la resolución a su favor en un nutrido mitin enfrente del palacio de gobierno… y la autoridad… sin mayores problemas… le otorgó el reconocimiento.

A su vez los reclamos de Abel y sus seguidores no se hicieron esperar. El Gobernador Cuxo les dijo: -Bien muchachos, debo decirles que el gobierno también tiene su candidato y ese es Balam. Cálmense, pídanme lo que quieran, les será concedido, pero las cosas se quedan como están, no obliguen al gobierno a tomar otras medidas de orden.

Así eran las clases de democracia en ese entonces y así, con serias dudas sobre su legitimidad llegó Balam a la presidencia de la Federación Estudiantil.

Gran experiencia había adquirido Balam después de varios años de ejercicio político en los que aprendió toda suerte de artimañas que le aconsejaron los viejos profesionales de la política, que si bien pregonaban a los cuatro vientos ser portavoces de los principios de la Revolución y herederos del socialismo de Felipe Carrillo Puerto, en la práctica resolvían los asuntos muchas veces despegados de la justicia.

Su gestión como Presidente de la Federación Estudiantil fue de logros tangibles que favorecieron a los estudiantes. Todos dijeron entonces que fue buena, aunque en lo político fue un aprendiz de dictador… dijeron las “malas lenguas” que todo lo saben. Balam trató de curarse en salud: “El fin justifica los medios”

Balam habría de hacer historia. Hizo gala de una larguísima trayectoria política dentro del partido-gobierno ocupando puestos públicos y de representación: dos veces diputado local, Presidente Municipal de Mérida, diputado federal en dos ocasiones, secretario de organización del partido, Secretario General de la Unión Nacional Campesina, Gobernador interino de Yucatán, Secretario General Adjunto del partido, Secretario de la Reforma Agraria y Gobernador Constitucional del Estado.

Los enemigos políticos en vano intentaron todo para evitar tan rápido ascenso. Un conocido luchador social decía de él: “Fue líder estudiantil y nunca estudió. Fue líder obrero y nunca trabajó. Fue líder campesino y nunca sembró la tierra”. Y agregaba:” Balam nunca será gobernador”…se equivocaba.

2

Impaciente, Balam esperaba su designación como candidato de su partido a  la gubernatura del estado, seguro  de ser  ungido para competir en las próximas elecciones. Durante 20 años había luchado en la política y ahora que ocupaba el cargo de Secretario General de la Unión Nacional Campesina, consideraba que el candidato lógico sería él mismo.

Por su mente pasaban los años de sus triunfos electorales, de sus grandes esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de su pueblo, de los peligros en su carrera política que iban más allá de las amenazas.

Recordaba los tiempos cuando fue encarcelado por órdenes del gobernador De la Torre Macías por el delito de organizar una manifestación de campesinos enfrente del palacio de gobierno, que derivó en actos vandálicos con grandes daños a casas comerciales y propiedades particulares. También su espectacular liberación cuando los mismos campesinos acudieron por él al reclusorio, no quedándole más alternativa al gobernador que dar marcha atrás ante la fuerte presión de la gente, que amenazaba con tomar el propio palacio de gobierno. A fin de cuentas Balam salió fortalecido anímica y políticamente de ese acontecimiento.

Por su mente también pasaron los sucesos de la Liga de los  Pueblos Agraristas del estado, cuando ordenó tomar por la fuerza las instalaciones de la agrupación, ante la derrota en las elecciones para cambiar la directiva. Fue de funestas consecuencias. Reflexionaba sobre el error cometido, sobre su falta de cálculo político al enviar a su fuerza de choque que se enfrentó también a grupos de golpeadores profesionales enviados por el propio gobierno para defender la sede, con saldo de numerosos heridos. Si, había sido un error, un tropiezo nada más, sin embargo había servido de aprendizaje para estimar mejor las consecuencias de sus decisiones de lucha.

 Como en una película vio el inicio de su ascenso en la política, primero como diputado al Congreso el Estado. Aunque aún no cumplía los 21 años edad legal para ocupar dicho cargo, eso no fue obstáculo pues sus diligencieros le consiguieron un acta de nacimiento apócrifa en el que se registraba de mayor edad.  Y así siguieron sus años en cargos de elección popular, en la burocracia partidista o en el gobierno federal.

Ahora las cosas eran diferentes. Estaba en una posición clave y no le cabía la menor duda de que él sería el abanderado del partido para contender en las elecciones y cumplir con su sueño más acariciado, ser gobernador de su estado.

Fuera de su oficina, en las antesalas de la Unión Nacional Campesina esperaban ansiosos sus partidarios. Todo era cosa de minutos pensaban, o quizá de un poco más de tiempo. El momento crítico había llegado y nada más esperaban el anuncio de su designación. No podía fallar, era la segunda vez que aspiraba a la candidatura, pues en la primera había sido vetado por el gobernador Lores y aunque ahora en la segunda vez el gobernador Kan Ek había dicho: “Cualquiera menos Madera”, sus probabilidades de obtener la candidatura eran mucho más fuertes.

Absorto estaba en sus pensamientos. Había ordenado que no se le molestara. De pronto sonó el teléfono…la llamada esperada, pensó. El aviso del presidente del partido comunicándole su designación. No se atrevió a levantar de inmediato la bocina, espero dos, tres, cuatro timbrazos. El pulso se le aceleró, la incertidumbre le impacientaba… sabía controlar sus emociones…levantó el auricular y escuchó una voz autoritaria que le decía.

-Don Balam,  el Partido de la Revolución ha tenido a bien designar  candidato a la gubernatura de su estado…al General Zertuche. Esperamos de Ud. que, haciendo honor a ese espíritu de sacrificio y patriotismo que le caracteriza y a su inquebrantable disciplina al partido, su adhesión inmediata a las decisiones del alto mando  y que encabece Ud. mismo una magna recepción en Mérida al candidato de la  unidad.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Balam. Por unos instantes permaneció en silencio. Sin embargo, acostumbrado a obedecer sin titubeos las órdenes superiores, recobró la compostura y respondió: ¡Así se hará Sr Presidente, las órdenes serán cumplidas!

De inmediato Balam,  repuesto de la mala noticia, con entereza salió de su oficina y comunicó a sus partidarios que ansiosos esperaban en la antesala de su  despacho  la decisión, descubriendo en su discurso las grandes cualidades del ungido que antes nadie  veía  y  exhortando a los presentes para  organizar la magna recepción  en la capital del estado.

El general Zertuche era un militar muy afable, a todos saludaba con amplia sonrisa y  un abrazo. Trataba  de hacerse popular, aunque en realidad era  nuevo en el hacer político, un advenedizo. Era Diputado Federal y su presencia  obedecía más a ciertos compromisos con los jefes del ejército que presionaban para posicionar  a algunos de sus miembros.

La recepción al General  fue apoteótica. El poder de convocatoria de Balam era evidente En el aeropuerto de la ciudad capital al bajar del avión el General acompañado por Balam,  la gente entusiasmada en una imprecisa valla, gritaba. ¡Balam…Balam! ¡Arriba Balam! Y el General Zertuche saludaba con emoción como si las aclamaciones fueran para él. No le quedaba más remedio que cobijarse en la popularidad del gran líder.

Así transcurrió la campaña electoral  de Zertuche durante dos meses y las elecciones le favorecieron sin mayores contratiempos.  Eran los tiempos buenos cuando el partido las ganaba de todas todas, la maquinaria electoral aún funcionaba con eficacia.

 No asistió Balam a la toma de posesión. Tampoco fue invitado para que no opacara al nuevo gobernante. De todos modos él había decidido no asistir para manifestar  con su ausencia su inconformidad. Vio por la televisión el acto y pensó. Al tiempo…

La administración de Zertuche, pasados los primeros cien días de luna de miel con el pueblo, transcurrió entre ineptitudes, corrupción, nepotismo…además de que sus adversarios, inconformes, entre ellos el propio Balam, fueron creándole conflictos campesinos que el General no tuvo la menor idea de cómo  neutralizar. Su experiencia en  los asuntos de la política era escasa. El pueblo le puso como apodo “El Sastre”, porque a todas las demandas respondía: “Voy a tomar medidas…voy a tomar medidas”, sin que después se vieran resultados.

No tardó en caer. Permaneció dos escasos años como gobernador. Obligado por las circunstancias presentó su renuncia, más bien lo renunciaron. El Congreso del Estado nombró a Balam Gobernador interino por el tiempo restante de cuatro años, que  al rendir la protesta de cumplir y hacer cumplir la Constitución,  en su fuero interno pensaba: cuatro años  como gobernador son muy pocos…veremos…veremos…

La gestión de Balam como gobernante  rindió buenos frutos: El programa de reordenación  henequenera que buscaba rescatar la declinante  industria y hacerla más productiva y de beneficio para ejidatarios y obreros. Apoyos al campo con créditos blandos y asesoría técnica para el incremento de la producción. Los pisos  de tierra de las chozas  de los campesinos  fueron hechos  de cemento, eso sí, con el sello del partido  como un atento recordatorio para las próximas elecciones.

 Se establecieron maquiladoras  de empresas extranjeras para incrementar el empleo, se fomentó el desarrollo de empresas agropecuarias y de artesanos. En lo cultural  la fundación del Instituto de Cultura. En educación el mejoramiento de las escuelas y aumentos de sueldos a los maestros, el desarrollo del deporte   y el incremento de las escuelas de educación especial para discapacitados.

También la  implantación de programas para la adquisición de bicicletas a bajo costo y a muy cómodos plazos para campesinos, obreros, maestros, burócratas, aún contra la voluntad de los beneficiados, con el propósito de fomentar el uso  de este económico vehículo de implicaciones sociales y bueno para la salud, como en Francia, como en China y en otros países, aunque también con fines de promover el voto de los electores para el partido.

Máquinas de coser para las amas de casa y otros enseres domésticos que en algo mejoraron la calidad de vida en los hogares pobres. Estos y otros aspectos de la economía  doméstica fueron atendidos con resultados satisfactorios durante el primer período.

Sin embargo faltaba lo político. Nada debe oponerse a la continuidad de mi obra, pensaba Balam. Ni la misma Constitución. Los diputados del partido que entendieron el mensaje y otros también en el Congreso previamente cabildeados, modificaron la Carta Magna del Estado, de tal modo que fuera posible la reelección del gobernador, si éste hubiese sido interino, pasado un período sexenal.

Terminado el interinato, un nuevo gobernador, fue electo para el siguiente sexenio. No duró mucho. Tres años nada más, la mitad del período. Su vocación demócrata fue su tendón de Aquiles al  reconocer, antes que el partido, el triunfo de la candidata  de la oposición para la presidencia municipal de Mérida  que le ocasionó fuertes problemas con sus correligionarios. Fue depuesto a través de la “renuncia voluntaria” por órdenes superiores en medio del desafecto y agresión de los miembros del propio partido, que no fueron capaces de aceptar una derrota. Rumores corrieron sobre intrigas vernáculas detrás de la decisión, aunadas a la animadversión del nuevo gobierno federal. El gobernador respondió: “La política rupestre”…Fue sustituido por una senadora que preparó el regreso de Balam.

Al fin Balam fue electo para un segundo período, esta vez de 6 años, de acuerdo con la Constitución modificada a propósito bajo su influencia, que así permitía la reelección de los gobernadores interinos. Completaría un total  de 10 años de gestión…El primer caso del México de la Revolución. Aunque si bien fue electo por mayoría de votos, estos no fueron tan abundantes como los obtenidos en otras contiendas electorales, en las que había triunfado por abrumadora votación. La inconformidad del pueblo comenzaba a manifestarse.

La oposición le promovió un juicio político en el Congreso de la Unión por su reelección  que consideraban inconstitucional y que puso en peligro la estabilidad de su gobierno. Discursos agresivos  de los diputados de los partidos de oposición  cuestionaban la legitimidad de su gobierno.  Sus opositores lograban cada vez más adeptos para destituirlo. Sin embargo, Balam, político profesional, supo neutralizar las intenciones de sus enemigos al ganar la votación por un solo voto que inclinó la balanza a su favor. Voto de un diputado del partido minoritario del “niño verde” que, según rumores en los mentideros políticos, concedió a cambio de un maletín repleto de  misterioso contenido.

Ahora sí, con mayor tranquilidad y tiempo Balam completaría la tarea. Nuevos logros en obras visibles: El nuevo Palacio de Justicia, reorganización de los cuerpos de seguridad del estado, instalaciones deportivas modernas, espectaculares,  funcionales y la magna obra, la prolongación del llamado muelle nuevo  en Progreso para el arribo de grandes barcos comerciales y cruceros turísticos  que fortalecerían la economía, a pesar de las críticas de sus opositores que festinaban burlescos los camiones llenos de piedras que se echaban al mar para construir el viaducto del nuevo muelle y la terminal remota que el pueblo llamó Isla  Balam.  El gobernador tenía la visión puesta en el futuro.

Siendo gobernador, por vez primera Balam probó la amargura de la derrota. Los errores de los políticos del partido, la corrupción, las mismas caras, cansaron al pueblo que en el país había elegido como Presidente de la República al candidato del partido opositor. Y en el  estado, como efecto y  repercusión de los acontecimientos nacionales, el candidato seleccionado por Balam  –Rolando Muro-  perdió las elecciones, aunque también se habló  de “concertacesión”, presionado Balam por  intereses políticos.  El  perdedor se quejaba:   -“Me abandonó Balam, no me ayudó. También el fuego amigo, el canibalismo del partido…me dejaron solo”. Esta derrota significó más que nada una derrota para el propio gobernador  que durante 10 años había ejercido el poder.

Tres años de retiro forzado  despachando los asuntos políticos y privados en sus oficinas particulares que sus enemigos del Diario  de la Península habían apodado con sorna “El bunquer”. Tres largos años de reposo en “Chen Garza”, su rancho, para él, demasiados,  que estaba habituado al despliegue de una hiperactividad política y administrativa sin precedentes aprendidas en los  tiempos  de su participación como alto funcionario en diversos puestos del gobierno federal, cuando sirvió a cuatro presidentes emanados del partido.

Esos tiempos, cuando dormía en sus propias oficinas para  mejor servir con muchas horas de trabajo  a sus superiores políticos que poco a poco también lo “jalaron” a posiciones cada vez más importantes en esa cadena que tenía como principio la consigna: “para mandar hay que saber obedecer”.  Esos tiempos, los mismos afanes que no variaron durante su  gubernatura, que hacían sufrir y quejarse a los colaboradores que trabajaban sin horario  día, noche o madrugada, según los caprichos, manipulados como marionetas, para el sagrado cumplimiento del deber.

Pasados los tres años de forzoso retiro, Balam decidió volver por sus fueros, no faltaba más, como antaño en los tiempos juveniles cuando recuperó por votación arrolladora la presidencia municipal de la ciudad capital en manos del otro partido. Repetiría la hazaña que le había abierto un futuro promisorio en la política.

Ahora los aspirantes de su partido se resistían a aceptar la candidatura para la presidencia municipal de la ciudad por miedo a la derrota contundente, como había sucedido durante tres lustros. Pero él sería el héroe, pensó, y forzó su postulación  ante el comité directivo, como en otras ocasiones cuando se imponía su indiscutible capital político.

Balam realizó una estupenda campaña. Visitó en tiempo record todas las comunidades y colonias de la ciudad. Saludó a millares de personas. Su programa de gobierno municipal superó en mucho el programa del candidato oficial. Sus encendidos discursos entusiasmaban a la multitud, el gran líder estaba de regreso, como el Ave Fénix que surge de sus cenizas.

 Un día, inesperadamente Balam visitó las oficinas del palacio municipal. Grande fue la sorpresa de la Presidenta  de Mérida al  saber que había llegado.  Saludó con cortesía y prometió a los funcionarios  que  no se recuperaban del susto de verlo, que estuvieran tranquilos, que pronto se verían de nuevo… aquí mismo…dijo…un tanto soberbio.

Llegó el día de las elecciones. Todo mundo aseguraba el triunfo de Balam, el candidato oficial no era pieza para nuestro héroe. Los largos y fuertes colmillos del jaguar acabarían devorando a los pusilánimes aprendices de políticos del partido en el poder. No faltaba más.

 A las 8 de la noche comenzaron a aparecer los primeros resultados en las pantallas electrónicas del Instituto Electoral. Las encuestas de salida en las casillas electorales estaban a su favor. Todo iba bien, los resultados  favorecían a Balam, en el “El bunker” se respiraba alegría, optimismo y conforme crecía la votación se afinaban los detalles para el festejo en la Casa del Pueblo. La comisión organizadora apuraba los preparativos del triunfo y Balam en su confortable  oficina, esperaba impasible, como siempre, tranquilo, seguro de sí mismo.

 Pero de pronto todo empezó a cambiar. La votación dio un giro inesperado cuando aún no se contabilizaba la mitad del padrón. El candidato oficial  se le  acercaba y al cabo de una larga noche, poco a poco, con altas y bajas, con intervalos de esperanza cual un vía crucis, el candidato oficial le había superado con el número suficiente de votos como para ganar la elección.

¿Qué había pasado?… Nadie se lo explicaba, ni el propio candidato oficial   que ya se veía desanimado por los rumores insistentes sobre su segura derrota. ¿Qué había pasado?…Nadie acertaba dar una explicación razonable…si parecía…si el triunfo estaba asegurado como en los mejores tiempos…

Todo fue confusión en los siguientes días. Los perdedores en un principio denunciaron fraude electoral, gritaron, amenazaron, no era posible que Balam hubiera perdido, pues si era el mejor… no era posible, si él en política se las sabe de todas todas. Había gobernado el estado, si bien con su peculiar estilo de mano firme, también con buenos  resultados en obras materiales y económicas… decían sus correligionarios.

Al fin Balam con hombría y valor civil, con entereza, de cara al pueblo, aceptó la derrota. Detuvo a sus seguidores que protestaban inútilmente ante el Instituto Electoral. A ellos, que lloraban desconsolados como niños  sin saber qué hacer, sonriendo y solemne les dijo:

-¡Aquí no ha pasado nada!… Ya vendrán mejores tiempos. Tengamos paciencia, recobremos el ánimo, rectifiquemos el  camino. ¡Aquí no ha pasado nada!…

¡Y sin embargo mucho había pasado…los tiempos habían cambiado! ¡Y poco después… aún más pasaría…

 Una mañana en su soledad repentinamente falleció Balam, le explotó el corazón tan lleno de angustias…se fue para siempre dejando en la incertidumbre  a sus incondicionales y  en el pueblo… el sentimiento de lo que pudo haber sido y no fue.

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