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¡Ave, Reina!

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Javier Santa-María

 

¡Salve, Reina…! Ante ti lleno de asombro,

con íntima fruición sueño y deliro;

acaricia mi voz cuando te nombro,

y me siento irradiar cuando te miro.

 

¡Salve…! Con el poder de tu hermosura

el mundo para mí de encantos llenas,

y esclavo, palpitante de ventura

agonizo, besando mis cadenas.

 

¡Mírame…! Y pueda yo sentir en calma

de tu mirada que arde y reverbera,

eso que llega al fondo de mi alma

con luz y con calor de primavera.

 

¡Háblame…! Hay en tu voz notas suaves,

órgano de capilla solitaria,

coro de niños, confidencia de aves

y rumor cadencioso de plegaria.

 

¡Ríeme…! Te deificas cuando ríes;

los silfos junto a ti cortan el vuelo;

revienta el prado en mirtos y alhelíes;

surge la aurora y se ilumina el cielo.

 

Mírame y no me escondas, Reina mía,

la celeste sonrisa de tu boca…

y después… ¿qué me importa? Indiferente,

sin quejas seguiré mi rumbo incierto…

Soledad y tristeza eternamente,

tristeza y soledad. Como el desierto.

 

Pimienta y Mostaza. Periódico Literario, de Espectáculos y Variedades. Mérida, año III, núm. 76, 25 de marzo de 1894, p. 3.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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