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Letras

José Juan Cervera
Quien usurpa la voz ajena deformando su sentido se complace en afirmar que la redime así de imperfecciones expresivas.
Los que repiten el lugar común de dar voz a quienes no la tienen suelen ser los mismos que los hacen callar para hacerse representantes de su silencio.
Cuando las paredes escuchan, también se rehúsan a callar como tumbas porque la discreción las derrumbaría.
La voz de la conciencia prefiere dialogar con los fantasmas de quienes le niegan audiencia en alarde de tozudez.
En tiempos turbulentos, el sofisma y el celo doctrinario disputan el velo que teje su acento.
La elocuencia viste de gala los despojos de una verdad para resarcir dignidades perdidas.
Entre tantas palabras dichas y sepultadas unas sobre otras, sólo unas cuantas resucitarán para bendecir el silencio.
El lenguaje figurado se afana en salir de paseo para desafiar rigideces textuales.
La repetición aguda y obsesiva exprime sus ecos hasta colmar el extravío de una suma de expresiones rituales.
Tras quedar a la deriva, un discurso improvisado encalló en el banco de las frases hechas.





























