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Carlos Duarte Moreno
Infortunado del hombre que a la hora de su muerte no tiene quien le cierre los ojos, pero más infortunado todavía aquél que, teniéndolos cerrados en las horas de su vida, no tiene quien se los abra.
El divorcio, en realidad, no es más que una especie de viudez artificial.
¡Pobres de aquellas gentes que creen que, porque no se han hecho ricas, han fracasado en la vida!
Con mucha frecuencia, la causa de los denominados rebeldes sin ella está en su casa. Se llama mamá y papá.
Si pensamos serenamente en los desbordamientos infructuosos, tenemos que convenir en que hasta para llorar se necesita medida.
Los instintos vienen de lejos, pero hay que tener cuidado con ellos porque actúan de cerca.
Si muchos hombres, socialmente hablando, se dieran cuenta de que cuando están hambrientos es cuando tienen más fuerza…
El ramo de boda en la mano de la novia tiene un no sé qué de sugerencia del rodillo para cuando el esposo llegue tarde.
El sarcasmo de muchos vegetarianos estriba en que tienen esposas muy sobradas de carnes.
El pecado que se confiesa en artículo de muerte carece del aliciente de volverlo a cometer.
Es muy conveniente tener presente que, en la vida, no debemos pasarnos ni de sol, ni de sal; ni de locura.
Diario del Sureste. Mérida, 23 de agosto de 1963, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























