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Apagones del Bienestar

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Seguramente usted o alguien en su familia ha sufrido con los “apagones del bienestar”, como los yucatecos han bautizado las continuas fallas en el suministro de la electricidad en nuestro estado.

La verdad es que compadecemos a los trabajadores de CFE: en estos días, ellos se llevan las mentadas de madre, las amenazas, los bloqueos, los secuestros, todos provenientes de airados clientes que pasan días enteros sin energía eléctrica.

El origen del problema es sencillo: no hay suficiente energía para cubrir la demanda, ni en horas-pico ni en horario normal. Y la razón por la que no hay suficiente energía es porque las instalaciones resultan insuficientes ante la explosión habitacional que se sigue dando en nuestro estado, en el país, y ante la inexistencia de nuevas opciones de generación de energía.

Esto último, a su vez, se debe a un iluminado tabasqueño que canceló proyectos de inversión alegando “corrupción” y “neoliberalismo” (sus muletas durante su sexenio). También se hizo famoso por impedir el uso de la energía eólica en el norte del país “porque afeaba el paisaje”. De ahí el mote de “apagones del bienestar” que la población sufre frecuentemente, en alusión a los múltiples proyectos que así bautizó el advenedizo personaje.

En nuestro Yucatán, bañado con abundante energía solar la mayor parte del año, muy bien pudiera aprovecharse con celdas solares todo lo que el astro rey nos ofrece, para luego convertirlo y alimentar la red. También podrían instalarse parques eólicos en el sur del estado, redirigiendo la energía capturada a la red de la CFE.

La solución no se observa en el horizonte próximo, simple y sencillamente porque no hay dinero para invertir en infraestructura. El Gobierno del Estado, copado y limitado, anuncia como dos de sus proyectos principales el hídrico y el de la energía eléctrica, pero sus planes están supeditados a que el Gobierno Federal le asigne los recursos económicos, que a su vez están comprometidos en deuda y en elefantes blancos que, además de consumir recursos, permiten desaparecer millones que engordan las cuentas de algunos, y que también serán usados en las próximas elecciones.

Tal vez lo peor en este escenario es que nos estamos acostumbrando a esta mediocridad de administración y de servicios. No hay nada de “normal” en las fallas del agua potable, de la energía eléctrica, o en los baches, o en las inhumanas colas bajo el rayo del sol en los cajeros y Bancos del Bienestar (que bien ameritan otra columna por lo paupérrimos que resultan tanto en servicios como en comodidad para sus usuarios), o en los hospitales. Ojalá y no nos estén conduciendo por el sendero que transitan con terribles carencias los cubanos y venezolanos.

Decíamos que compadecemos a los esforzados trabajadores de CFE: hace unos años su empresa era “de calidad mundial” y era un bastión y faro en cuanto a eficiencia de procesos y tecnología de vanguardia. Ahora es tan solo otra calamidad, fruto de una pésima administración, que los yucatecos debemos sufrir.

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