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José Hernández Fajardo
¡Ay! Siento en el alma mortales latidos,
¿la fe se me acaba?, ¿murió la ilusión?
¡No tal! Que hoy se yergue potente mi espíritu
¡y apresto a la lucha se enciende en valor!
¿Por qué en mis desvelos de amargo abandono
la dúlcida calma se ahuyenta veloz?
¡Ah! Siento en el pecho terribles nostalgias,
inmensas tristezas, ¡anhelos de amor!
¡Y abrigo en el alma secreto vacío
de un tiempo se irguiera radiante y febril,
cual reina triunfante, mi pasión primera;
mas hoy ya no existe y el hueco está aquí!
¡Y siento que el alma de amor se embebece
y siempre persigo mi mismo ideal!
¡Y sufro nostalgias de azules pupilas
y crenchas muy blondas y frentes de azahar!
¡Por eso en mis horas de plácida calma
Forjándome ensueños que alivien mi mal,
contemplo sus rostros y oprimo sus talles
y sueño sus bocas sangrientas besar!
Enero 9 de 1906
Arte y Letras. Órgano de la Sociedad Artístico-Literaria Lord Byron. Mérida, núm. 8, p. 10.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























