Anhelo Histórico

By on enero 23, 2020

Editorial

Nuestro país, atribulado históricamente por hechos violentos, ha avanzado no obstante en algunos aspectos, pero aún dista de lograr los anhelos de las generaciones precedentes para lograr un sitio en el mapa mundial en el que podamos vivir en paz, concordia, entendimiento y, los mexicanos todos, pudiésemos evolucionar unidos, fraternalmente unidos, convencidos de que esa unidad es el único medio para llegar a un fin supremo: la felicidad compartida.

Estamos haciendo referencia al período comprendido de 1810 hasta nuestros días, algo así como dos siglos y algo más, en los que optamos, luchamos y nos identificamos con ideas de ser autosuficientes, independientes, y aptos para lograr nuestra evolución colectiva y la felicidad a que tenemos justo derecho.

Logramos ser independientes en 1810 al aislarnos de presiones externas y liberarnos de tutelas ajenas, mas no pasó mucho tiempo cuando en 1857 esa libertad fue puesta a prueba y obtuvimos, con la Reforma, alguna normatividad ante lo externo, no sin pleitos entre las facciones intervinientes, por aplicar sus visiones de como debíamos continuar nuestra convivencia y avance social.

La Reforma llamamos a tal movimiento ideológico que por casi cincuenta años más nos permitió convivir. Pero se acumularon con los años diferencias entre grupos, encumbramiento de unos sobre los otros. Resultado fueron las duras batallas de la que nominamos Revolución Social, en 1910, con sus altibajos en zonas geográficas por variados escenarios de explotación rural y urbana en la que grupos regionales prevalecieron, orientándose unos hacia la búsqueda de riquezas, y otros hacia el dominio y control del poder político.

Los asesinatos por este último motivo descabezaron grupos, en tanto se creaban fuerzas propiciatorias de una reorganización, un reordenamiento político y social, que permitiesen convivir, con protección institucional, a las fuerzas antiguas con otras emergentes. Hubo entonces una etapa de impulso a partidos políticos diversos, con lo que era usual la coexistencia en diálogos y acuerdos desde las cúpulas de poder coincidentes, en una declarada decisión de convivencia armónica en lo general, en tanto cada uno de ellos, en lo íntimo, reunía fuerzas y estimulaba liderazgos. Los partidos definidos hasta ese entonces practicaban un canibalismo político interno, en tanto se ostentaban vegetarianos en lo externo.

El último tercio del siglo XX se anunció con tragedias, se vivió entre violencia, marcó grietas en la estructura política vigente, y registró el despertar de antiguos vicios, crisis en las estructuras políticas partidistas, en la economía y la vida social.

El siglo XX registró dos cruentas guerras mundiales, la aparición de grandes avances tecnológicos, científicos, investigaciones notables, se descubrieron los antibióticos, pero también el poder del átomo, aquel que en su definición no podía dividirse y, sin embargo, cuando la tecnología lo logró, nos trajo el hongo atómico que devastó Hiroshima y Nagasaki, convirtiendo en cenizas a cientos de miles de seres humanos civiles inocentes en cuestión de segundos.

En nuestro México, se sucedieron movimientos de grupos sociales y matanzas, violencia institucionalizada, que en lo político tuvo su culmen en el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, soñador candidato de un priismo ilusionado que escuchó su voz y decidió seguirlo cuando declaró ver y estar “ante un pueblo con hambre y sed de justicia”, siendo posteriormente asesinado.

La indetenible violencia soliviantó a un pueblo que desde hacía mucho tiempo veía ejemplos negativos en su sistema político una ruta bloqueada a la justicia social, esperanzas pisoteadas o fallidas, carencia de satisfactores sociales y pobreza general creciente.

El año 2018 de este nuevo siglo ha venido a ser el de la ruptura de los esquemas supervivientes del sistema político vigente todo el siglo anterior.

Con gran sentido democrático, los mexicanos acudieron a las urnas electorales, mostraron su hastío y en aplastante mayoría dijeron: “Ya basta”. Los votos mayoritarios de castigo operaron. Una gran mayoría no votó, pero los que sí lo hicieron se inclinaron por un cambio de paradigma.

En un año y medio, un nuevo gobierno, procedente de un partido distinto, aglutina hoy la voluntad mayoritaria. Logró vencer electoralmente. Se viene consolidando. Se ha roto el marco de sujeción a un pasado insatisfactorio.

Una aurora de esperanza asoma en el horizonte político.

Ojalá alumbre y sea para bien.

Los mexicanos aspiran a una justicia social plena. Y lo merecen.

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