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Rosy Murillo
Aquí quedé,
anclada entre sus olas
y este mar que sabe de mí.
Cuenta en su vaivén
historias que no dije,
sueños que se fueron,
amores que se guardan
en el viento,
un viento
que todavía acaricia mi rostro.
A la distancia,
el silencio.
Quietud que arrastra el mar,
como si supiera
dónde se pierden mis pasos,
dónde se confunden
con la arena blanquecina.
Y allá,
a lo lejos,
la marea arrastra recuerdos
que me devuelven —de golpe—
a casa.
Basta un instante.
La brisa me roza el alma.
Dudas y miedos
se disuelven.
La calma del océano
es mi refugio.
Allí,
donde las huellas se borran,
sé que el mar
guarda mi verdad.





























