All you need is love

By on mayo 31, 2018

All you need is love

all you need is love

Ignoro por qué desfilan por mi mente cada uno de los recuerdos de cuando llegué a tu vida. Aquella noche maquillada de estrellas, bajo esa vasta luna -plenilunio para ser exacta- me tomaste en tus brazos, me protegiste, cuidaste y sanaste mis heridas.

Yo era pequeña, inocente -eso fue lo que te cautivó de mí, estoy segura de eso. Tu gesto de ternura en mis momentos de fragilidad hizo que mi corazón bailara apretujado al tuyo al compás de “All you need is love”, tu canción favorita, tu banda favorita, que a partir de ese momento sería la melodía que marcaría mi vida.

Me cobijaste en tu hogar, lo hiciste mío también. El día entero buscaba cómo hacerte feliz, me acoplé a tus reglas, esas mismas que con paciencia y ternura me mostrabas. Así fue como me enseñaste todo lo que necesitaba saber de la vida.

Yo era tu nena y tú mi único amor. Hice de tus brazos mi oasis, y tú de mi piel tu inspiración y paz. Mi vida no podía ser mejor. ¡Era muy feliz!

Nunca olvidaré aquella infame noche: el sonido de tu automóvil, el cascabelear de tus llaves…

Corrí a tu encuentro. Al acercarme a la puerta, escuché otras voces que no conocía. Te percibí feliz, me asusté y corrí a esconderme. Allá estabas tú: ¡perfecto como siempre! Sin embargo, noté en ti una mirada diferente: una sonrisa contagiosa se esbozaba incontrolable en tu rostro, como cuando te vi la primera vez.

Allá estaban ellas: aquella mujer de cabellos de sol y figura perfecta, radiante, te abrazaba por la espalda; y en tus brazos cargabas a la segunda mujer, pequeñita, de un tamaño como nunca había visto en la vida.

Me acerqué, buscando tus brazos. Me rechazaste, lo cual me puso fría, triste y a la vez hizo de mí un basilisco, descubriendo sensaciones que jamás antes sentí.

El crepúsculo nos sorprendió y la hora de dormir llegó. Te acostaste, ellas a tu lado. Corrí hacia a ti y, como cada noche, sin darle importancia a las intrusas, busqué tu calor. Me volviste a rechazar, me obligaste a salir de la cama. Salí lentamente de la habitación con la cabeza baja. Mi rostro se humedeció de tristeza. Algo por dentro me quemaba, me lastimaba.

Los días transcurrieron así, sin tus caricias, sin tu ternura y amor. Sin explicaciones, dejé de existir.

Hoy, que me voy de tu vida, ahora entiendo por qué se me vino a la mente el día en que nos encontramos: la luna es idéntica, escucho la misma canción que me recibió, la percibo en cada esquina con mi deambular por las calles.

¿Por qué me rescataste si me olvidarías después?

Aquel grupo de gatos callejeros en la banqueta murmura: “¡Allá va otra ilusa que creyó en el amor! Tonta en soñar, tonta en creer; el Hombre es malo por naturaleza y, al postrero, la historia siempre termina igual.”

Yahvé Isaías Solís Aranda

yahves@gmail.com

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