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Alejandro Dumas, maestro de la aventura

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Uno de los autores que más me ha alegrado la vida con sus fascinantes novelas es Alejandro Dumas. Recientemente platicaba con mis hijos que, de niño, prácticamente no veía televisión; disfrutaba mucho leyendo libros de todo tipo, incluso de terror (H.P. Lovecraft, Bram Stoker, Clive Barker y, claro, Stephen King). Cuando alguien me recomendó leer “El Conde de Montecristo”, entendí por qué nuestra maestra de Filosofía nos recomendaba tanto sus libros. En ese momento no sabía que es considerada la cumbre de la novela de venganza y traición.

El caso de Alejandro Dumas (padre) es bastante peculiar: durante mucho tiempo parte de la crítica académica lo consideró un autor «menor», principalmente porque escribía novelas por entregas (folletines), y porque trabajaba con colaboradores, especialmente Auguste Maquet, todo esto pese a ser uno de los escritores más populares del siglo XIX.

Tras devorar la trágica historia de Edmundo Dantés y su espectacular escape del temible Castillo de If, no tardé en adquirir “Los Tres Mosqueteros”, el clásico definitivo de capa, espada, honor y amistad (“Uno para todos, todos para uno”). ¡Vaya viaje tan emocionante me aventé por una semana!

Enseguida compré “Veinte años después”, el reencuentro con los tres mosqueteros y D’Artagnan más maduros, ahora en bandos opuestos. Por cierto, la frase “No es lo mismo los tres Mosqueteros que 20 años después” hace referencia a que esta segunda aventura es buena, aunque no tanto como la original. La expresión en realidad va más relacionada con la edad y las consecuencias de envejecer.

Recuerdo que varios libros de Dumas pude adquirirlos de segunda mano en el Mercado Municipal de la ciudad de Mérida a precios muy bajos, entre ellos “El vizconde de Bragelonne”, que incluye la famosa historia de “El hombre de la máscara de hierro”, así como novelas históricas y de romance; “La Reina Margot” y sus intrigas sangrientas durante las guerras de religión en Francia; “El tulipán Negro” con su bella historia de amor y obsesión ambientada en los Países Bajos, y “La Dama de Monsoreau”, una de sus obras más profundas y románticas.

Sobre el efecto que en el lector causan las obras de Alejandro Dumas, muchos de los más grandes escritores del mundo reconocieron su extraordinario talento como narrador. Víctor Hugo, junto a Dumas, fueron figuras centrales del Romanticismo francés, manteniendo una amistad de muchos años.

Cuando Dumas murió en 1870, Hugo escribió unas palabras que se hicieron célebres:  «Alejandro Dumas no es solamente un hombre de Francia; es un hombre del mundo. Es uno de esos hombres que pertenecen a la humanidad.» También afirmó que sus obras serían leídas mientras existieran lectores apasionados por las aventuras. Ese elogio es particularmente significativo porque proviene del autor de “Los miserables”, considerado por muchos el mayor escritor francés del siglo XIX.

Las mejores obras de Alejandro Dumas destacan por su aventura, venganza y ritmo histórico trepidante, entre estás están: “Los Tres Mosqueteros”, “El Conde de Montecristo”, “El vizconde de Bragelonne”, que incluye la famosa historia de “El hombre de la máscara de hierro “La Reina Margot” y “El tulipán Negro”.

Marcel Proust confesó en diversas ocasiones que releía “Los tres mosqueteros” con enorme placer. Para Proust, Dumas poseía una cualidad excepcional: hacía imposible abandonar una novela una vez iniciada; mantenía una tensión narrativa constante; dominaba como pocos el ritmo del relato. Proust admiraba precisamente aquello que muchos críticos despreciaban: su capacidad para fascinar al lector.

Jorge Luis Borges afirmó en varias entrevistas y ensayos que: «Dumas es uno de los mayores narradores del mundo.» Y sostenía una idea provocadora: que muchas novelas consideradas «serias» se olvidan con el tiempo; Dumas sigue siendo leído porque sabía contar historias. Borges rechazaba el prejuicio según el cual una obra popular tenía necesariamente menor calidad literaria. Incluso llegó a decir que había leído “Los tres mosqueteros” varias veces durante su vida.

Umberto Eco admiraba profundamente a Dumas, del que consideraba dominaba perfectamente la arquitectura narrativa, pues sabía cerrar cada capítulo con un motivo para seguir leyendo, además de que construía personajes inolvidables. Eco veía en Dumas uno de los padres de la novela de entretenimiento moderna.

Robert Louis Stevenson, creador de “La isla del tesoro” y “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, admiró profundamente la tradición de la novela de aventuras inaugurada por Dumas.

Numerosos estudios literarios destacan la influencia de Dumas en su forma de construir aventuras dinámicas y personajes memorables. Entre los escritores contemporáneos, Arturo Pérez-Reverte ha dicho en repetidas ocasiones que: «Todos los que escribimos novelas de aventuras somos hijos de Dumas.» Considera “Los tres mosqueteros” una de las novelas más perfectas jamás escritas. Al leer “El capitán Alatriste”, resulta evidente la influencia de D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis.

Mario Vargas Llosa también expresó admiración por Dumas, del que destacaba especialmente la facilidad con la que atrapaba al lector, la extraordinaria vitalidad de sus personajes, y la eficacia de su estructura narrativa.

Durante décadas hubo cierto desdén de los críticos hacia Dumas porque escribía para periódicos, porque publicaba novelas por entregas, y porque producía una enorme cantidad de obras.

Alejandro Dumas utilizaba asistentes para documentarse o preparar borradores. Sin embargo, hoy muchos especialistas consideran que esos aspectos no disminuyen su mérito. Las investigaciones modernas distinguen entre la labor documental de colaboradores como Maquet y el talento de Dumas para dotar de vida, ritmo, diálogos y emoción a las historias.

Su influencia en la literatura es inmensa. Sin él sería difícil imaginar buena parte de posteriores novelas de aventuras. Su influencia, como se ha indicado, alcanza a autores como: Robert Louis Stevenson, Rafael Sabatini, Arturo Pérez-Reverte, Umberto Eco, llegando además, de manera indirecta, incluso al cine de aventuras, a las novelas históricas modernas y a las sagas contemporáneas de acción.

 Dumas logró algo que muy pocos escritores consiguen: escribir obras que siguen leyéndose con entusiasmo más de siglo y medio después de su publicación. “Los tres mosqueteros” (1844) y “El conde de Montecristo” (1844–1846) continúan conquistando nuevos lectores porque combinan aventura, amistad, justicia, traición, humor y personajes inolvidables.

Alejandro Dumas sigue siendo uno de los maestros insuperables.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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