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Ernesto Albertos Tenorio
Y fue la inmensa lucha. Por doquiera
se escucharon los bélicos tambores
y flotó esplendorosa la bandera,
la bandera inmortal de tres colores.
Con valor indomable, a la pelea
apréstase la vieja monarquía
contra la eterna, la inmortal idea;
en vano fue, pues la filosofía
con voz potente, formidable, habla
dicho terrible: ¡que el progreso sea!
Era un pueblo que ansiaba libertades,
que ansiaba ser potente
derribando a las vanas majestades,
y que quería vehemente
librarse de sus viejas potestades.
En la ciudad, el monte y la llanura,
del bosque en la espesura
y en el verdeante prado,
estalla su furor, acumulado
por siglos de dolor y de amargura.
Y cual atleta fiero,
en la diestra el acero,
y en el pecho un inmenso patriotismo,
a la Europa derrota coaligada
en titánico heroísmo.
Y después de luchar con entereza,
con indomable empuje,
aquel león que formidable ruge,
consagra con nobleza,
con infinito amor, toda su vida
a la felicidad de su querida
y gloriosa República Francesa.
Artes y Letras. Órgano de la Sociedad Artístico-Literaria Lord Byron. Mérida, época III, núm. 5, febrero de 1913, p. 18.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























