Actitudes Denigrantes

By on julio 18, 2019

Editorial

Las poblaciones de diversos y múltiples países del mundo, ante circunstancias adversas para vivir y convivir en sus espacios originales, los van dejando junto con sus antiguas esperanzas, dando lugar a conflictos internacionales severos por sus constantes y crecientes migraciones masivas hacia otros países donde esperan hallar espacios y condiciones propicias para solucionar problemas de vida y sobrevivencia en mejores condiciones.

Por tierra, en riesgosos recorridos por carreteras, por mar, atravesando peligrosas corrientes marinas, y en otras situaciones con muy altos índices de riesgo, numerosos grupos humanos se movilizan por medios rústicos e incómodos, pretendiendo llegar a los sitios donde perciben que podrían sobrevivir más decorosamente con sus familias.

Desde África con rumbo hacia Europa, frágiles embarcaciones rebosantes de personas arriesgan con su saturación hundimientos trágicos. A pesar de ello, exponen sus vidas adultas y la de sus pequeños hijos.

Idéntico problema y riesgos se dan en Sudamérica, Centro América, la zona oriente del Caribe e islas periféricas menores y mayores, espacios en los cuales los caminos, ríos, peligrosas selvas incluso, registran el paso de crecientes volúmenes de personas, familias enteras, que se desplazan hacia el lejano norte, considerando a los Estados Unidos como una tierra de esperanzas.

En algunos casos, las migraciones tienen orígenes políticos pero, por lo general, se caracterizan todas ellas por la imposibilidad real de vivir, convivir y crearse un nuevo futuro, fuera de las penosas condiciones de economías locales, donde una explotación de siglos ha dado lugar a la creación de las condiciones para que estas migraciones ocurran.

Saqueados por siglos los recursos naturales de los países americanos, despojadas las sociedades humanas de medios de producción, creadas condiciones nuevas para la explotación laboral y con gobiernos voraces con vocación abierta al saqueo presupuestal, no han quedado muchos espacios a los pobladores americanos, esclavos cautivos modernos de grandes capitalistas mundiales y gobiernos corruptos.

Cuando todo este cúmulo de desgracias ocurre, en los Estados Unidos, proclamados históricamente como tierra de libertades y oportunidades merced al flujo y el trabajo esforzado en siglos precedentes de migrantes aceptados e incorporados a la nación, aparecen ahora actitudes negativas en su gobierno, que abiertamente se declara selectivo y opuesto a recibir, como lo ha estado haciendo a lo largo de toda su vida histórica como nación, a los migrantes que en los inicios de este siglo XXI, como lo hicieron sus antepasados, intentan sumarse a una vida útil en ese país.

Los Estados Unidos son, históricamente, un país que se había mantenido abierto a los migrantes desde antes del buque “Mayflower”. Sucesivas oleadas de ciudadanos europeos y asiáticos fundaron el país. Los africanos llegaron como esclavos y pelearon por muchos años, hasta ser reconocidos como hombres libres y ciudadanos de ese país. Históricamente, se ha visto a los Estados Unidos como un baluarte de libertades, tal como lo señala su enorme Estatua de la Libertad, que saluda a los viajeros en sus accesos por mar.

Esos hechos históricos, esa libertad, están siendo vilipendiados por el presidente actual Donald Trump, quien anuncia restricciones y cierre de fronteras a la migración. En lo interno, su grado de discriminación contenida se refleja en expresiones hostiles a etnias de otras procedencias, incluso agrediendo a distinguidas mujeres, actuales representantes en la Cámara de Representantes, por su color, cultura de procedencia y estatus político.

Al mismo tiempo, pronuncia declaraciones antiamericanas para que se enteren todos los países del continente, en las cuales anuncia restricciones para la aceptación como ciudadanos de personas migrantes procedentes de países del continente americano. Con su reciente amenaza de razzias y deportaciones en idéntica forma y criterios operados por el III Reich, violenta la paz social de su país y del mundo.

Y con toda esa carga negativa, expresiva de enfermedad moral y mental, anuncia el propio presidente Trump su posible precandidatura a un nuevo período de gobierno.

Debe decirse que, si su partido republicano lo promueve, incurrirá en un grave error histórico.

Tal candidato no refleja ni reúne los valores morales e ideológicos de ese gran país, los Estados Unidos. Es más, por sus actitudes y expresiones, no podría calificar ni participar como candidato a Presidente en ningún país del mundo.

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