Acoso

By on enero 22, 2021

Por Wendy Góngora Caballero

Hace muy poco tiempo decidí unirme a una red social. En ella pude leer diferentes comentarios, algunos a favor y otros en contra de los grupos feministas. No pretendo hablar ni bien ni mal de estas agrupaciones, solo daré mi testimonio.

Soy una mujer de más de 40 años. Me he enamorado dos veces: la primera vez tenía 19 años, me ilusioné. Recuerdo ese amor como algo maravilloso, él era médico y siempre se portó amable y caballeroso conmigo. Alguna vez intentó tocarme las manos y yo, a pesar de sentirme atraída hacia él, nunca dejé que me tocara, pero no me percaté de ese hecho hasta mucho tiempo después de haber huido de esa posible relación. En ese momento no entendí ni cuestioné mi decisión.

Pasaron once años y de nuevo me sentí atraída hacia alguien. No hablaré de si era o no un buen hombre, solo diré que tal vez por la edad -pasábamos de los 30- él fue más directo y la tercera vez que salimos me pidió un beso; después me dijo que deseaba que estuviéramos a solas. Me negué a ambas peticiones, pero no entendí por qué si lo amaba, o por lo menos eso creía.

Entré en una gran confusión y fue esa confusión la que me hizo recordar que a la edad de siete años un desconocido me pedía que lo besara. Yo estaba asustada, tenía siete años y en ese entonces la información a la que teníamos acceso la mayoría de las personas de mi edad era diferente a la de hoy en día. Mi confusión era mucha. Siempre pensé que yo logré escaparme de él, la verdad es que ahora entiendo que fue él quien se arrepintió y me liberó.

No importa cuánto tiempo haya pasado, ese día fue determinante para generarme el miedo que empecé a expresar en agresividad hacia los hombres. Me volví introvertida, mi relación con los hombres se volvió difícil, muy difícil.

Después del fracaso de mi segunda relación, decidí que nunca más volvería a intentarlo. ¿Ha sido fácil? Por supuesto que no, me queda claro que me siento atraída por los hombres; pero, al no tener pareja, la gente me discrimina, y en el fondo siempre quieren preguntar “¿eres lesbiana?” No tendría nada de malo si así fuera, pero no tener pareja hace que me traten mal y siempre hace falta un buen hombre dispuesto a ayudarme.

Amigos, tengo pocos. Normalmente se asume que los halagos traen confort al corazón. A mí no me pasa eso: con cada halago siento que mi corazón se astilla. He cometido el error de agradecerlos, pero cada mensaje en que viene implícito un “Hola, corazón”, o un “Tienes muy bonito cuerpo” es como si leyera una sentencia de muerte. Al principio puede pasar desapercibido, pero la constancia fractura mi corazón y no sé cómo detenerlo…

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