A Propósito De La Guerra De Las Galaxias

By on abril 16, 2015

Desde antes de comenzar a escribir, en el instante mismo de pensar en La Guerra de la Galaxias, restallan en mi mente los acordes metálicos de la introducción de la introducción, la más conocida, la de 1977, el tema universal de la película. Esta nota es sobre un lugar común: de todos es conocido el nombre del autor del soundtrack; de todos, el del director de la película; los personales principales, los androides, las naves interestelares o su capacidad y fuerza de viaje, los libros, cómics, así como todo aquello que tenga algo que ver, o esté relacionado con el diseño o representatividad de la película. La industria comercial que surgió en aquellos distantes tiempos, y en una galaxia muy lejana, sigue expandiéndose como el propio universo, hasta alcanzarnos con una lozanía inobjetable.

Digamos que La Guerra de las Galaxias, más que ser parte de la cultura moderna, es en sí una cultura. A partir de, o previo a ella, hubieron otras incursiones en el tema. Muchos ya son clásicos y tienen sus legiones de seguidores por sus ideas, argumentos, o por las características de sus aventuras. Como ejemplo de lo anterior, citemos “2001, una odisea del Espacio”, o “Viaje a las estrellas”. Por supuesto, también ha habido fracasos que fueron tragados por la materia oscura del universo de la industria cinematográfica, o por el agujero negro de la indiferencia de los espectadores, enviándolos a otras dimensiones o universos paralelos, como el del olvido, por ejemplo.

De La Guerra de las Galaxias, mejor dicho, de la mente de su director han surgido personajes que tienen seguidores. Quizá los vimos por primera vez en alguna de las tres secuelas, pero la industria productora Lucas Film se ha encargado de crearles sus propias historias y su pasaporte humano, un pasado.

Es así como conocemos a Chewbacca, Lando Calrissian, Jabba the Hutt, Gredo, por no citar a los que tuvieron los papeles estelares. Hay uno en especial, Boba Fett, este sí que ha creado fans que siguen su historia y aventuras. La Wikipedia le tiene reservado un espacio, como debe de ser, a su existencia enrevesada. Considere la siguiente perla: “A pesar de que nadie en la historia galáctica fue capaz de escapar del Sarlacc, Fett sí pudo, mas no enteramente ileso. Gracias a su voluntad de hierro y armadura mandaloriana, fue capaz de salir de la garganta de la bestia y matar al Sarlacc. Finalmente, Boba Fett regresa y va en busca de Han Solo para cobrarse la revancha y terminar con su trabajo, lo cual causa una persecución por toda la galaxia. De vuelta en acción, continuó trabajando como cazador de recompensas. Después de hacerle una promesa al moribundo Fenn Shysa, Fett se convirtió en Mandalore y eventualmente lideró a los mandalorianos en la Guerra Yuuzhan Vong. Originalmente trabajando como mercenario para los invasores, Fett después ayudó a la Nueva República en su batalla contra los alienígenas. Cuando los Yuuzhan Vong asaltaron Mandalore y bombardearon el terreno, se desenterró una gran cantidad de Hierro Mandaloriano, que irónicamente ayudó a los mandalorianos. Después, durante la Segunda Guerra Civil Galáctica, Fett, que aún lideriaba a los Mandalorianos, tenía su salud más perjudicada. Encontró a su nieta, Mirta Gev, y los dos estuvieron juntos en varias misiones, incluso junto a Han Solo. Fett también entrenó a la hija de Solo, Jaina, para matar a su hermano gemelo, Darth Caedus, y ayudó a la Coalición Jedi en varias batallas. Finalmente, el entrenamiento de Fett ayudó a Jaina a matar a Caedus, aunque el ataque de un nanovirus Imperial hizo que Fett no volviese a Mandalore”. Todo un ejército de escritores dando vida y razón de ser a un personaje de película. Por si le interesa no olvide visitar su web: www.bobafettfanclub.com

Usted ha escuchado hablar, o ha leído, sobre la pareidolia, ese fenómeno psicológico que consiste en que podamos percibir un rostro, o una figura humana, o animal, en lugares de lo más insospechados: la forma de estar colocadas las ventanas/puertas en un edificio, la parte posterior de un despertador, una nube, en una tostada, una grifería. Aquí en México, donde el culto mariano en sus distintas advocaciones se amamanta desde la muy tierna infancia, a cada momento distinguimos a la Virgen de Guadalupe: en una mancha de aceite, en un cristal, en el gajo desprendido de un viejo árbol.

Así como hay coleccionistas simplemente atraídos por el simple hecho de la curiosidad, también podemos encontrarnos con otros tipos de seguidores de la pareidolia:

  • Los religiosos – aquellos que ven imágenes religiosas (el rostro de Cristo, la Virgen María o incluso al demonio) en cualquier parte: una pared, una tostada, la suela de un zapato, etc.
  • Los amigos de las teorías de la conspiración – los que intentan encontrar  una respuesta (la mayoría de veces ilógica) a fenómenos sobrenaturales, paranormales o relacionados con turbios asuntos políticos o militares
  • Los vigilantes de la moral – que se dedican a buscar dibujos de carácter sexual  subliminalmente camuflados en las películas de la factoría Disney.

El fenómeno está continuamente siendo estudiado por psicólogos y expertos que tratan de averiguar por qué nuestro cerebro detecta esos objetos, rostros o figuras donde tan solo hay una sombra, una mancha de grasa o una nube, y donde en realidad no hay nada.

Cada vez son más los diseñadores, arquitectos y/o creativos que diseñan sus obras pensando en una doble lectura por parte del cerebro de muchas personas y que, tras una simple y sencilla apariencia, esconden en objetos, ropas o edificios curiosos rostros.

En lo personal, he visto el casco de Boba Fett en un tanque de gas. Fui a comprar unos salbutes a la vuelta de la casa de ustedes y, en la espera, me encontré con una imagen conocida. No soy seguidor del personaje en especial, pero sí disfruto deLa Guerra de las Galaxias, capítulo IV: Una nueva esperanza”, la versión de 1977, no la remasterizada, editada, reeditada, corregida y aumentada o de la versión del director. Quizá es la versión de la inocencia o del amor a primera vista. Aquí les dejo el testimonio gráfico.

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Juan José Caamal Canul

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