Visitas: 3

Catalina Zapata
Siempre que escucho tu cantar tan triste,
lágrima tibia de mis ojos rueda,
que en cada estrofa que modulas, queda
algo de luto con que tu alma viste.
Pobre paloma que el turbión resiste
de horrible tempestad; tu voz remeda
el trino de dolor que en la arboleda
el ave exhala, si su bien no existe.
Mas, ¿por qué no calmar tanto martirio?
¿Por qué ese acerbo y sempiterno duelo…?
¡Cándido y puro nacarado lirio,
no dejes inclinar tu tallo al suelo!
¡Melancólica virgen, tu delirio
no sea tan sólo remontarte al cielo!
Junio 4 de 1871.
La Siempreviva. Revista Quincenal. Órgano Oficial de la Sociedad de su Nombre. Bellas Artes, Ilustración, Recreo, Caridad. Redactada Exclusivamente por Señoras y Señoritas. Mérida, año II, número 30, 3 de agosto de 1871, p. 2.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























