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A 85 segundos del Día del Juicio Final

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El Boletín de los Científicos Atómicos adelantó el reloj del Día del Juicio Final.

Cada año, el reloj es ajustado por el Consejo de Ciencia y Seguridad, después de consultar con el Consejo de Patrocinadores, que incluye a ocho Premios Nobel. El reloj es un indicador reconocido universalmente para indicar la vulnerabilidad mundial ante una catástrofe global originada por tecnologías desarrolladas por el hombre.

Entre las razones expuestas en el anuncio: “…Rusia, China, los Estados Unidos y otros grandes países se han vuelto más agresivos, conflictivos y nacionalistas. El entendimiento global tan difícilmente obtenido está colapsando, acelerando una competencia por todo el poder y soslayando la cooperación internacional que es crítica para reducir los riesgos de una guerra nuclear, cambio climático, el mal uso de la biotecnología, la potencial amenaza de la inteligencia artificial, y otros peligros apocalípticos. Demasiados líderes han sido complacientes e indiferentes, en muchos casos usando retórica y políticas que aceleran en vez de mitigar estos riesgos existenciales.”

Es imposible cerrar los ojos ante la magnitud y variedad de conflictos que el mundo vive, a los que se añaden los que México enfrenta.

Perdemos de vista que solo existe un planeta, y que lo que Rusia pretende conseguir en Ucrania por la fuerza puede tener repercusiones mundiales cuando alguien le ponga un hasta-aquí a Putin; no apreciamos que las masacres en Irán pueden afectar el frágil equilibrio que existe en esa región del mundo; ni que la inacción gubernamental que lleva siete largos años (“abrazos, no balazos”) para perseguir criminales en nuestro México invita al presidente norteamericano a amenazar a toda la región, con carambolas en Venezuela, Cuba, Colombia, todo con afanes de poderío y de reelección.

Somos ciudadanos del mundo. La ignorancia y prepotencia que asumen tantos ante tantas situaciones, aunado a la desvergüenza y fanatismo, tan solo allana y engrandece la división entre ciudadanos en nuestra nación, entre países, entre continentes.

No resulta difícil entonces comprender porqué el reloj se ha adelantado.

La gran interrogante es una que invita a la reflexión: ¿cómo dejar de ser parte del problema y, por el contrario, participar en la solución?

Vas unas sugerencias:

  • Dejemos de solapar a los demagogos y de voltear la cara ante sus abusos.
  • Que nuestras conciencias no sean compradas con dinero.
  • Que el poder del raciocinio y la solidaridad humana sean nuestras guías.

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