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85 años de forjar ciudadanos exitosos
“Hoy celebramos 85 años de la fundación de nuestra gloriosa escuela ‘Manuel Alcalá Martin’ de Colonia Yucatán (Col.Yuc.). Fundada por el Ing. Alfredo Medina Vidiella, fue cuna de grandes hombres y mujeres cuyos primeros maestros fueron, según comentó en sus memorias el ing. Felipe Rodríguez (‘El Tigre’), Edgardo Pérez y su esposa Amina, un hermano de ella y su esposa.”
“Empezó en un local frente al parque, a un costado de la actual iglesia. La escuela se llama así porque este personaje le dio clases al Ingeniero Medina Vidiella en el “Instituto Alcalá” de Mérida. En su honor le pusieron el nombre a la primaria de Colonia,” me dijo el profesor Armando Conde, quien escribió el himno a la escuela, y cuyas hermanas Betty y Lupita también fueron docentes del plantel que hoy festejamos. Max Molina, Lázaro Pérez, Raúl León Navedo, Lupita Sánchez, Lucrecia Morales, Porfirio Matos, Alfonso Yam, Yolanda Carvallo, Mechita Chimal, Lilia Loria, Thelma Antuña, Estela Bolio, Aracely Fernández e Hilda Flores fueron también profesores en aquella icónica escuela de madera.
“Yo fui pionera de la escuela con la directora Pilar Rodríguez,” me dijo emocionada Irma Leal cuando platicamos sobre Colonia Yucatán. “Estaba, creo, en tercero de primaria cuando se inauguró la escuela grande. Antes de eso, en la casa que fue del ingeniero Rodríguez nos dieron clases. Había pocos alumnos en aquella época, cuando llegué al sexto grado, ya éramos muchos,” recordó la esposa de Tony Araujo.
Por su parte, Javier González, el Pato, me comentó: “En ese tiempo me “entregaron” en la escuela que estaba al ladito de la iglesia, una casa de madera, grande que tenía hasta su escenario. Entrábamos a las 7:00 A.M. y salíamos a las 10:30 A.M., en la tarde íbamos a la escuela otra vez, de 3:00 P.M. a 5:00 P.M. Teníamos la materia de agricultura, para regar las eras nos daban media hora; cultivábamos rábano, zanahorias y colinabos en el patio de la escuela. Al terminar el curso lo cosechábamos, porque era de nosotros. Además, tenía talleres, las chamacas tenían costura.”
“¿Sabes qué lindo se ponían esos fines de curso?” terció su esposa Adolfina Díaz. “En cada salón se pegaban los mesabancos y encima se colocaban todos los trabajos de los alumnos; los niños tomaban carpintería y hacían repisas, pero mira, de todo tipo… ¡No, hombre! Cuando se inauguró la escuela grande de madera, recuerdo que cruzamos uniformados el parque rumbo al majestuoso edificio, con nuestros uniformes verde y blanco.”
“Yo inauguré la escuela de madera -esa que tiraron donde esta hora el domo-, no recuerdo el mes, pero fue en 1950,” recuerda el Pato. “Era una belleza esa escuela, única en su tiempo; el director era el profesor Max Molina; la primera estuvo cerca de la iglesia, había como seis cuartitos donde daban clase, después paso a vivir allá el ing. Rodríguez (El Tigre).”
“A las seis y media de la mañana nos llevaba un carrito de la Sierra a la escuela de Colonia, era un truck. Todos eran puntuales,” recuerda Jorge Berzunza, el Makech.
“Los que vivíamos en el rancho Chapas,” comenta el ‘Salado’ (Augusto Segura), “el chofer nos llevaba en camioneta a las 6.30 de la mañana.”
Por su parte, el Güero (Jaime Durán) destacó que, los que sacaban buena calificación, la empresa los becaba y, cuando terminaban, la misma compañía les daba trabajo. Un ejemplo es la maestra Ligia Mena.
“La escuela de allá fue buenísima porque, imagínate, Bertha Manzanilla daba primero y Rosita Rincón segundo. Buen cimiento tuvieron los que allí estudiaron,” tercia en la plática su esposa Tachi. “A los maestros les gustaba que cada fin de semana se acercara el papá a preguntar cómo iba su hijo en la escuela.”

“Me acuerdo que el libro de Lengua Nacional te enseñaba con: ‘Zenaida, la de los zancos’, y con ‘ese oso se asea’, etc. Los maestros eran admirados todos, con mucho respeto; los sacerdotes igual. Esos valores y principios que nos enseñaron se te quedan. La educación en Colonia Yucatán era de primera calidad,” me recordó orgulloso mi primo-hermano Wita (Wilberth López Duarte) cuando platicamos una larga tarde de nuestro paso por las aulas de la icónica escuela en la que cada lunes le rendíamos honores a la bandera.
Por su parte, el profesor Porfirio Matos García, ‘el director’, cuyo nombre lleva la biblioteca, en entrevista me comentó: “Tenía un buen equipo de maestros, de primera. Eso es algo que la empresa promovió, tratando de que las cosas funcionaran de esa manera. Por eso llevaron a Max Molina como primer director; a Lázaro Pérez, a David González y a Minerva Paredes.”
“A los maestros de Colonia Yucatán les teníamos mucho respeto y admiración, ellos nos educaron para la vida,” recordó en amena plática la hoy maestra jubilada Addy Leticia Díaz Sánchez. “Antes decíamos: ‘Mamá, que tú vayas a hablar con la maestra.’ ‘¿¡Qué hiciste, chamaco!?’ y temblaba el niño; ahora el que tiembla es el maestro… Allá nunca abusaron de su poder. Desde que les quitaron poder a los maestros, rebasaron su autoridad y…” reflexiona la maestra aquella larga tarde que conversamos del tema.
Estaba en tercero de primaria, recuerda el que esto escribe. Nuestro salón estaba detrás del escenario. La maestra Rosita nos dio nuestra ‘limpia’ con su cinturón porque ese día hicimos una travesura. Molesta mandó decir que se presente mi papá al día siguiente. Antes de las ocho de la mañana se presentó don Ariel y la maestra le explicó la razón del castigo; con la cara descompuesta de vergüenza por lo que hizo su vástago, le dijo: “Maestra: usted manda aquí y lo que diga y haga en el salón de clases yo lo respeto. Solamente vine porque usted me mandó llamar. A la próxima ¡dele más duro si así es como usted lo considera! A este chamaco yo lo mando aquí a estudiar y a portarse bien, no a estar relajeando,” le dijo mi papá, dio la vuelta y se fue y… aquí estoy escribiendo estas anécdotas y reflexiones sin ningún trauma ni rencor, recordando aquellos gloriosos tiempos en que los maestros eran una AUTORIDAD. Así, con Mayúsculas, cuando los papás les daban toda la razón, libertad y responsabilidad al ‘entregar’ a sus hijos a su cuidado y educación.
Estos son algunos testimonios de los que ahí estudiamos en aquella icónica escuela de madera. Muchas generaciones de estudiantes, incluso de otras comunidades cercanas a Colonia, asistieron y asisten a clases a este plantel que ha sido semillero de gran cantidad de hombres y mujeres exitosos que dignifican y ponen en alto el nombre de la escuela ‘Manuel Alcalá Martin’, a Colonia Yucatán en el Estado, la República, e incluso en el extranjero como, Patricia Rodríguez Ochoa (+) y Mario Polanco Loría, quienes impartieron ahí sus primeras letras y hoy son reconocidos historiadores, ingenieros, maestros, contadores, enfermeras, doctores, comunicólogos, religiosas, arquitectos, sacerdotes -un obispo auxiliar en la persona de Pedro Mena Díaz-, abogados, empresarios, médicos veterinarios, antropólogos, psicólogos y profesores, entre otros exitosos profesionistas.
Hoy, felicito y me felicito por haber sido parte de la historia de una escuela sólida en su misión y vocación desde su inicio.
Hoy celebramos 85 años. Espero sean muchos años más de fructífera y noble labor.
Felicidades a todos.
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero




























