Yucatán y su próximo gobierno

By on diciembre 7, 2017

Editorial

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Cuando la edición semanal de Diario del Sureste se encuentre en las pantallas de nuestros lectores habituales, es muy probable que el humo blanco ya haya surcado el espacio, impregnado del nombre del aspirante beneficiado con el dictamen oficial del partido mayoritario nacional que, como se ha visto, es capaz de nominar por cuestión de intereses de grupos, más que por intereses nacionales.

Y si en lo macro se actúa así y no ocurre nada, pues en lo micro se podría hacer lo equivalente y supuestamente no ocurriría movimiento alguno de protesta.

Haber pensado así a mediados del siglo anterior dio lugar a la “elección” de un candidato de otro estado para gobernar a Yucatán, con la consecuencia de alzamientos, protestas, imposición y posterior despedida y rechazo al gobernante espurio.

Es deseable, en esta ocasión, que tal experiencia genere una reflexión para no incurrir en una decisión similar.

Y es que el Yucatán de hoy es un estado donde los pequeños grupos de poder político compiten con las ambiciones desatadas de una oligarquía empresarial que anida sus intereses y ha hecho alianzas en lo federal con los grupos que hacen lo propio en la capital del país.

Una nueva clase política está apenas construyendo liderazgos, en tanto realiza y desarrolla un modelo de estado en el que los esfuerzos aislados se unifiquen y conecten al plan de desarrollo estatal que se lleva a cabo desde el espacio administrativo-político local.

Las alianzas directas, que muchas veces parten de asociaciones relacionadas y vinculadas con grupos económicos externos, han movido a no pocos organismos empresariales a considerar que son ellos los que deberían imponer candidatos.

Se olvida que una cosa son los negocios y otra muy distante el manejo político. Con este se puede acordar y de ello obtener ventajas, mas no imponerse para lograr absurdos beneficios adicionales con el fin de acumular riquezas al costo que sea.

Cuando los políticos se dedican a lo suyo, y los grupos empresariales hacen lo propio, tal equilibrio de fuerzas es positivo para Yucatán.

De no ser así, el desplazamiento de la clase política local de la toma de decisiones habrá de provocar una ruptura del equilibrio social que hemos venido logrando a un alto precio.

¿Por cuál camino viene la sucesión gubernamental?

No falta mucho tiempo para saberlo con certeza.

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