Una Tragedia Anunciada

By on enero 25, 2018

Editorial

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“Hay que ser responsables y conscientes”. Así publicitan y difunden los gobiernos y empresarios…

Que debemos preservar el medio ambiente, cuidar la calidad del aire, preservar el hábitat humano y animal…

Así pregonan los gobiernos de todos los países y niveles, socialistas, capitalistas y neutrales…

Las palabras se las lleva el viento. Las acciones y determinaciones escasean. Los grandes intereses asociados políticos y empresarios prevalecen; se recomiendan disposiciones, pero nadie cumple.

Nuestro planeta ha soportado por miles de años, desde la presencia inicial de los hombres de las cavernas, el creciente ritmo de destrucción de sus entrañas. Los metales preciosos, el petróleo y sus derivados, han marcado los grandes conflictos entre intereses de uno a otro continente.

Con el multiplicado abuso cotidiano sobre el medio, la destrucción inmisericorde de los recursos naturales, hemos creado una nueva sociedad, permanentemente hambrienta de recursos explotables.

El planeta lo resiente y es por ello que vivimos, aún sin querer darnos cuenta, dentro de la gravedad de una situación que nos atañe a todos y amenaza nuestras existencias.

No lo entienden aún los grandes sistemas capitalistas y sus gobiernos. El calentamiento global es solamente un tema sin importancia para ellos.

Sus grandes industrias continúan saqueando los recursos naturales, ampliando sus plantas industriales, creando condiciones climáticas extremas y abusando al máximo de su poder político y económico.

Para ellos sus intereses van primero. La humanidad no les interesa. Los desechos industriales y basuras contaminan mares, tierras, aguas. Destruyen la vida animal y vegetal. Afectan a toda la raza humana.

Nuestro generoso planeta ya nos da sus primeros avisos que, en nuestra opinión, deben ser escuchados: tormentas invernales, ciclones, erupción de volcanes, terremotos, climas polares con temperaturas extremas en costas, islas y playas, congelación de vías de transporte y de servicios públicos, así como parálisis de grandes ciudades por inclemencias climáticas.

¿Hasta dónde va a llevarnos la desatada ambición de los grandes capitalistas del mundo?

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