Una Constitución Fallida

By on marzo 9, 2017

Editorial

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Una Constitución Fallida

En la fecha conmemorativa de la promulgación de la Carta Magna en vigor, la Constitución de 1917, seis organismos ciudadanos se convocaron para rendir homenaje a la labor de los diputados constituyentes, y hacer al propio tiempo comentarios sobre la vigencia de los artículos contenidos en tan valioso documento que fue considerado, en la época de su aprobación, para que incluyera derechos sociales y el modo correcto de articular y compartir las responsabilidades del manejo del Estado por parte de gobiernos electos por sufragio efectivo y no reelección.

En ese concurrido encuentro generacional, quedó en evidencia el sistema de los partidos políticos, enmarcados en una democracia sui generis que aparentemente representa el flujo ordenado de la vida pública en México, que no es tal, y está siendo cuestionado en estos momentos porque evidencia que no opera con efectividad. Asumimos que el formato republicano y democrático, y la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, no existen más en virtud de que ahora lo que se ve son grupos de poder, todos ellos con el mismo afán de acumular riquezas sin parar mientes en las formas y procedimientos, ya que son inoperantes las leyes actuales. La moral y principios son meras palabras sin contenido ni sustento en la vida actual del país.

Saqueos de la hacienda pública, impunidad, inmunidad, entrega de áreas estratégicas a empresas extranjeras, marcha atrás a las grandes decisiones nacionales sobre expropiación y derechos humanos, son males de antaño que no han sido erradicados; prevalecen la inmoralidad y carencia de rectitud en los funcionarios, como signo de estos tiempos oscuros cuyo fin no se ve en el corto plazo.

El mando informal de un gobernante que en 1910 dio origen a la Revolución Mexicana, se repite ahora con más amplia cobertura y enriquecimiento de minorías privilegiadas.

Pasividad en el otorgamiento de justicia, inquietud por revisiones “de rutina”, intervención de líneas telefónicas, acoso fotográfico en carreteras, presunción de culpabilidad en muchos casos en los que es la parte inocente quien debe probar su situación, protocolos ad hoc, y toda una maraña de instancias, dependencias y sitios a los que debe acudirse en lugares apartados, complican la impartición de una justicia que debería ser pronta y expedita. En muchos casos, los expedientes abiertos reposan por meses y años en los cajones de archivos oficiales.

La propuesta coincidente de las largas decenas de asistentes y comentaristas es que debe propiciarse la realización de un nuevo constituyente que realice una seria revisión, y apruebe un nuevo documento Constitucional que retorne a los principios de justicia social y al marco derecho que debe regir la vida y convivencia justa y pacífica de millones de mexicanos.

La refundación del Estado Mexicano es urgente. Existe la voluntad compartida de un retorno a la Patria que anhelaron los “padres fundadores” de este México nuestro.

 Así sea.

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