¿Un Holocausto Maya?

By on septiembre 15, 2017

Editorial

¿Un Holocausto Maya?

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Hace varios siglos, los mayas migraron por las tierras de este continente ahora llamado América, en búsqueda de sitios adecuados para vivir y convivir, para asentarse y echar raíces en espacios donde pudieran sumar su esfuerzo a las disponibilidades de la naturaleza proveedora de alimento, vivienda, sustento y posibilidades de crecer y multiplicarse. Cuando lo lograron, dieron gracias a sus dioses y construyeron templos para enaltecerlos y recordarlos.

La naturaleza proveía agua y alimentos, materiales para sus viviendas, soluciones a sus modestos requerimientos. Jamás pretendieron explotar metales, ni los conocieron. Aun en casos de conflictos, la propia naturaleza proveía armas rudimentarias, y las luchas eran por espacios vitales para la supervivencia entre grupos. Y no es que fuera un tipo de sociedad perfecta la de los mayas, que también estaban sujetos a conflictos por espacios, ansias de poder y de prevalencia de un grupo sobre otro.

Si después de miles de años esa raza permanece en sus espacios históricos, hablando su misma lengua, continuando sus sistemas de producción agrícola, de alimentación, de supervivencia, tenemos que reconocer que sus raíces son fuertes porque aquí están presentes decenas de miles de mayas, herederos de una cultura milenaria, a quienes no han podido cambiarles sus usos y costumbres, su lenguaje, su forma de ser y actuar.

Quienes no están enterados de esas fuertes raíces continúan con la misma o más saña de los “conquistadores”, agrediendo al espíritu vigoroso de los mayas eternos que aún están, permanecen, continúan entre nosotros con la misma valentía de los antepasados desaparecidos.

No obstante, estos momentos se presentan con mayor grado de dificultad para los mayas modernos porque, en nombre de esa modernidad, les van haciendo trizas sus modos de vida, su hábitat, sus viviendas, su lenguaje, su alimentación.

El destructivo sistema actual desaparece las frescas casas de huano y bajareque por millonarias construcciones del Infonavit, baños “ecológicos”, estufas de gas, alimentos enlatados, plásticos, comida chatarra y bebidas sofisticadas que se suman al alcohol etílico, cómplice de la violencia creciente en nuestro Yucatán y los asesinatos y suicidios que van creciendo en número.

Como que gobiernos y ciudadanos debemos reflexionar en estos asuntos.

Sería prudente revisar las condiciones de vida históricas y adaptarlas a los requerimientos actuales de los descendientes mayas. Las casas de huano bien podrían continuar construyéndose con la mano de obra colectiva y gratuita que tan bien funcionó en el pasado. El costo actual no sería elevado, y las condiciones de vida en uso durante muchos siglos podría ser una solución. Como ésta, muchas otras cuestiones pueden estudiarse, no con sentido de romper las costumbres heredadas, sino de mantenerlas con su espíritu de apego al medio ambiente y convivencia armónica entre los habitantes de nuestras comunidades.

Volver a las raíces ancestrales evitaría el creciente holocausto cotidiano a que viven sujetos los mayas de hoy, conejillos de indias de los grandes intereses capitalistas a los que no importa otra cosa que aumentar sus riquezas.

Son tiempos de reflexionar.

Aún estamos a tiempo.

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