Un fantasma recorre el mundo: La Violencia

By on marzo 1, 2018

Editorial

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Al igual que en el siglo anterior, los diez primeros años del presente fueron de crisis políticas, significadas por el agotamiento y las fracturas del sistema partidista.

No debe extrañarnos, dado que los atisbos de la virulencia política en que México está inmerso son polvos de aquellos lodos que históricamente enfrentaron a criollos y mestizos, realistas y partidarios de la independencia nacional.

Vencieron en tales batallas los segundos y, desde entonces, los grupos de poder no han cesado en sus pretensiones de convertirse, cada uno de ellos, en el depositario único, juez y beneficiario del control y prevalencia sobre la población mexicana.

La división política constitucional en Estados y Municipios pulverizó, como también empoderó, a grupos locales en los cuales, desde luego, las clases pudientes han mantenido sus hegemonías pueblerinas, ensamblados todos ellos a los intereses aristocráticos de los grupos de poder locales y estos, a su vez, enlazados a los de nivel federal.

Es ahí donde los grandes intereses locales se enfrentan buscando prevalecer, hacen sus alianzas con el exterior, abren puertas a la corrupción y aceptan el saqueo compartido del patrimonio de los mexicanos.

Los grupos del gran capital internacional, encarnados actualmente en cinco grandes potencias, se espían, vigilan y agreden en espacios ajenos a sus territorios propios. Por ello observamos guerras, abusos, sangre, dolor, víctimas y control económico, racial y religioso, además de injusta explotación de recursos petroleros, y otros variados recursos naturales.

Nuestro país desde hace varios años vive un escenario de despojos, crueldades y hechos de violencia, intolerables cuanto indetenibles.

Tal violencia creciente se alimenta en México con la presencia de sicarios operadores del mercado de las drogas, obtenidas con mano de obra cautiva de nuestro país, para su exportación y consumo principal por el vecino del norte que, con tal de mantener ocupadas a sus grandes empresas del ramo militar y las crecientes utilidades que genera a los empresarios del sector, tolera y facilita los soportes para mantener la vigencia de ese cuadro de hechos violentos en México, aunque el más reciente y notable ocurrió en Florida, Estados Unidos, en un centro escolar donde se registraron casi una veintena de estudiantes inocentes muertos.

La respuesta de su censurado presidente es enviar más armas a las escuelas, sugiriendo que los profesores y los vigilantes las porten y actúen en hechos futuros. Las industrias fabricantes de armamentos aplaudieron. Ahora producirán más pistolas, rifles automáticos y ametralladoras y ganarán más dólares.

Los Estados Unidos, como en este caso en su propio territorio, activa la producción y facilita el trasiego de armas. Las empresas fabricantes engrosarán sus utilidades. En muchos países del mundo se registran muertos que no parecen importar.

Violencia y armas en México también van de la mano con las pugnas entre los grandes capitales que se desenvuelven y movilizan entre los grupos que controlan los espacios políticos y posiciones de poder.

Tras los antecedentes históricos de los partidos políticos hay una cauda de ambiciones que siglo tras siglo van dejando huella, recibiendo lecciones de los adalides de la historia patria, que las han enfrentado y luchado contra ellas para dejar constancia de que el verdadero interés no debe ser la búsqueda o la acumulación de mayores riquezas mal habidas, sino el bienestar de México y los mexicanos.

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