Un Buen Alcalde: Agustín Martínez de Arredondo

By on noviembre 17, 2017

ALCALDE DE MÉRIDA 1965 – 1967

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El domingo 12 de noviembre anterior, al conmemorarse coincidentemente el aniversario del fallecimiento del Alcalde Agustín Martínez de Arredondo y el inicio en las mismas fechas de las obras de rescate y restauración mayor en el Parque que Santa Lucía en Mérida, los familiares convocaron a una visita conmemorativa al sitio, a la cual acudieron representaciones de Alianza Liberal Yucateca –los C.P. Badí Xacur Baeza y Lic. Simón Suárez Cáceres–, el escritor Alfonso Hiram García Acosta del grupo “Fraternidad y Justicia” y el C.P. Luis Alvarado Alonzo, presidente de “Ateneo del Mayab A.C.”, así como el artista de la lente, Ing. Gonzalo Cáceres Ortiz, quienes acompañaron a los numerosos familiares del citado alcalde cuya foto en atril presidió el evento.

Quien fuese su secretario particular, el C.P. Alvarado Alonzo, expresó remembranzas sobre el alcalde y los tiempos previos al inicio de las serenatas y los cambios en el perímetro urbano y de servicios que dieron inicio a partir de acciones del presidente municipal.

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El mensaje compartido por los asistentes hizo referencia a que, en 1964, en los días equivalentes del mes de noviembre, en el Ayuntamiento de Mérida se iniciaron las obras de restauración del Parque de Santa Lucía y los espacios adyacentes, como los jardines, techos de los pasillos norte y oriente con arquerías y locales disponibles de la edificación original. Las obras se realizaron entonces dentro del plan conjunto de los alcaldes saliente y entrante, Don Armando Carrillo Tenorio y Don Agustín Martínez de Arredondo, y puede válidamente hablarse de que, con tal decisión conjunta, se vivió el momento inicial del exitoso desenvolvimiento que ahora vemos por todo Mérida, con las centenas de miles de visitantes, operación de numerosos hoteles, inexistentes por esos días, y accesibles servicios turísticos, cuyo incremento se hizo notable a partir de 1965, según consta en los registros del movimiento de viajeros del período y en los archivos de un empresariado convencido de las oportunidades que tenían a su alcance.

Los meses de noviembre, diciembre y parte de enero sirvieron al alcalde Martínez de Arredondo para convocar y convencer a los trovadores, hoteleros, restauranteros, transportistas y gente del ramo turístico a la que se convenció de las bondades del proyecto. Así también, se convino con una estación de radio para transmitir todos los jueves, a las nueve de la noche en punto, el evento que hasta ahora se celebra: la Noche de Serenata en Santa Lucía. En la fecha de la primera serenata ya habían florecido las alegorías de guitarras y arpas en los jardines.

Fue durante su período 1965 – 67 que su visión cultural y los trabajos de remozamiento inicial de este sitio, previos a la promoción nacional de las serenatas yucatecas en el redenominado “Parque Colonial Los Héroes” Santa Lucía, tuvieron el efecto de duplicar y triplicar en sus años de ejercicio municipal las cifras anuales de visitantes.

También le correspondió a Don Agustín Martínez de Arredondo el inicio del rescate de otros espacios históricos como la calle 64, desde el centenario Arco de San Juan hasta la Ermita de Santa Isabel en el cruce con la calle75 y 77. En la Ermita se inició también, simultáneamente, los días viernes, la promoción de grandes eventos de marcado carácter regional, exaltando nuestra cultura tradicional.

Por sus relaciones con funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad y de la Secretaría de Recursos Hidráulicos se hizo posible mancomunar, a través del gobierno estatal, los complejos trabajos para la electrificación de calles y dotación de servicio eléctrico a casas de 46 colonias de Mérida, las cuales recibieron el estímulo de tarifas simbólicas por sus consumos. Grandes parques deportivos en la Melitón Salazar, la Jesús Carranza y la Col. Dolores Otero equilibraron entre norte y sur de Mérida estos espacios de sano esparcimiento y respaldo a los jóvenes deportistas. Una gruta histórica en la Melitón Salazar, ubicando en su interior la escultura maya de un Chacmool sedente, se convirtió en un interesante punto del recorrido para visitantes de nuestra ciudad capital.

A partir de ese trienio, dio inicio una nueva época de crecimiento y avance urbano con la iluminación de decenas de calles, avenidas, monumentos públicos y la introducción en toda la zona urbana del sistema de agua potable. La profusa iluminación mercurial vistió de día las extensas avenidas principales.

En cuanto a mercados, que era un tema cotidiano y neurálgico, su cercanía y amistad con los comerciantes establecidos en ese sector de Mérida, todos ellos amigos del alcalde por muchos años, le permitió a Don Agustín adquirir los fondos en desuso en los locales de comercios ubicados en predios antiguos de las calles 65 y 54, cuyos patios se conjuntaron en espacios con una planificación profesional de la cual se originaron los actuales Tianguis Uno y Dos, además de interconectar a esta zona nueva por el sur, oriente y poniente, dándole flujo a la vialidad interna. No logró construir el nuevo mercado del Chembech, pero dejó el predio ya adquirido y los planos propuestos para la edificación.

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Una Mérida moderna requería de rehabilitación de un sistema de tránsito vehicular seguro y eficiente, para el que impulsó el uso de semáforos, inaugurándose el primero de muchas decenas más en el cruce en las calles 63 x 60, esquina del Ateneo Peninsular. La iglesia de Itzimná, de asistencia masiva mensual, recibió amplia remodelación en sus espacios anexos y parque, con lo que que se facilitó la convivencia familiar y la seguridad de los creyentes, actos religiosos y paseantes.

Los artesanos de Dzityá, creadores de obras en piedra y/o madera, recibieron impulso a su actividad con el uso de un local propio a un costado del corredor norte del parque de Santa Lucía, y posteriormente se invitó a exponer a otros creadores.

Todo ello pudo lograrse en tres años de duras batallas por financiamientos y refinanciamientos, en una época de crisis de recursos públicos estatales y municipales que él logró atenuar obteniendo tasas favorables por sus relaciones bancarias, cercanas, con funcionarios de instituciones financieras y bancos de la época. Su aval personal fue garantía ante proveedores locales y foráneos y constructores de obra pública, que percibieron de su administración el pago de los proyectos aprobados hasta el último centavo.

Si ha habido un cambio trascendente en Mérida, y un rescate por nuestro orgullo de ser meridanos, el mérito debe incluir el nombre y el trabajo de un alcalde ejemplar: Don Agustín Martínez de Arredondo, quien, en tres años, de 1965 a 1967, dio ejemplo de voluntad, decisión y respeto, tanto a su cargo como a sus conciudadanos.

Quienes trabajamos con él y para él, con lealtad personal y para Mérida, lo recordaremos siempre.

Falleció en 1984, en una fecha como hoy, pero vive permanentemente en sus obras y acciones por Mérida.

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Al culminar el evento, realizado al costado sur del obelisco, los asistentes se trasladaron al Cementerio “Jardines del Recuerdo” en Circuito Colonias, donde tuvo lugar una ofrenda floral y se compartieron detalles, anécdotas y recuerdos gratos de la personalidad del Alcalde Agustín Martínez de Arredondo.

Luis Alvarado Alonzo

 

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