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Trovas

By on agosto 9, 2018

Germenes_1

X

 

TROVAS

I

SEÑORA, el caso es vulgar;

iba yo por la calleja

silenciosa, retorcida

y alfombrada por la yerba,

siguiendo el angosto surco

del zig-zag de una vereda.

Las casuchas eran grises,

las bardas de tosca piedra;

muy florecidas las ramas

sobre la calle, someras;

muy cargada de perfumes

la brisa gárrula y fresca;

muy trinadoras las aves,

muy tupida la arboleda.

Iba yo soñando idilios,

imaginando quimeras,

y troquelando en estrofas

un loco tropel de ideas.

Iba al caso, y él,

gran inventor de estupendas

maravillas; el acaso,

gran forjador de sorpresas,

hizo que tú te asomaras

deslumbradora a tus puertas

a ser flor de mis idilios,

a ser luz de mis quimeras,

luz y flor de mis estrofas,

flor y luz de mis ideas.

Señora, el caso es vulgar:

iba yo por la calleja…

II

Señora: desque te ví,

yo no sé cómo se acierta

a vivir en paz, teniendo

el alma en continua guerra.

Señora, no te busqué,

tú te asomaste a tu puerta…

yo caminaba al azar

con mi fardo de quimeras…

¿Por qué porfiaron los ojos

en mirarse tan de cerca,

dialogando cosas dulces,

diciéndose cosas bellas?

¿Por qué sonrieron los labios

de tu boca de frambuesa,

denunciando ser estuche

de las más pulidas perlas?

¿Por qué cuando yo torné

para desandar la senda,

desmayaste la mirada

sobre tu faz descompuesta,

sin ocultar a mis ojos

la visión de tu belleza,

como si amor te tuviese

con firme lazo sujeta?

¿Y por qué, lejos de ti,

me siguió tu vista terca,

con temor de que me fuese

con temor de que volviera?

Señora: no te busqué;

tú te asomaste a tu puerta…

III

Señora: he vuelto una vez

y otras cien a la calleja

que hoy está más solitaria,

más silenciosa y desierta.

Aquella menuda alfombra

ya es enmarañada selva

donde alimañas medrosas

descuidadamente medran.

Ya es un hilo imperceptible

el zig-zag de la vereda,

que pues nadie la transita

cada vez es más estrecha.

(Sólo encontrarás allí,

si tornases tú, mi huella).

Siguen las bardas mostrando

su tosca urdimbre de piedra,

en cuyos huecos la iguana

busca el sol que la calienta.

Aquellas ramas floridas

sobre la calle, someras,

ya no tienen una flor

y están sin hojas y secas.

La brisa se fue espantada,

que busca frondas espesas

para rimar con las hojas

los frú-frús de ricas sedas.

Y aquellas aves alegres

que garrulaban su orquesta

por celebrar tu hermosura,

tal vez donde estás gorjean.

Sin duda ha de ser así,

mi corazón me lo muestra,

pues desde que en él te llevo

sólo habla cantando endechas.

Voy a donde el canto rompa

en la ciudad o en la selva;

el canto será el señuelo

que me lleva a tu belleza.

Ya haré que las aves callen

si mi lira te celebra,

pues trovando tu hermosura

he de cantar mejor que ellas…

IV

Señora: cuando volví

a la lóbrega calleja

que me dio de dicha un punto,

y una eternidad de pena,

ya desparecido habían

los rastros de la vereda

bajo la red espinosa

de las erizadas breñas.

Regresé sin esperanza

de poder hallar tus huellas

y sintiéndolas muy hondas

dentro de mi ánima enferma.

El amor desesperado

compuso esta cantinela

que infortunios del amor

y sus mudanzas refleja:

–Tuve una luz a mis ojos,

tuve a la mano una estrella;

en el cielo la buscaba,

por azar la hallé en la tierra.

No fue una ilusión: la vi

muy cerca de mí, muy cerca;

pero he tornado a buscarla

y no he vuelto a dar con ella.

Por todas partes la busco

mas en ninguna se muestra.

No fue un sueño, porque está

aquí dentro el alma impresa.

La ilusión es sombra vana

y ella se fue una gloria cierta.

Si te moriste, señora,

dímelo para que muera,

que este amor que a mí me mata

no es un amor de la tierra…

V

Dicen, señora, que estuve

de mal de amores enfermo,

y que el rigor de mi mal

dislocó mi pensamiento,

que así se puso a decir

mientras de mis deseos

y a publicar sin reparo

lo que ha callado discreto.

Que hablé de tu linda faz

de la primavera reino;

de los coruscantes dardos

de tus miradas de fuego;

de la tez de tus mejillas

que los pétalos tiñeron;

de las madejas sedosas

de tu aromoso cabello;

de las rosas de tus labios

obedientes a mis besos;

y de la noche de amor,

recamada de luceros

en que bajamos al mundo

todas las cosas del cielo.

Y dicen que en los transportes

de mis delirios quiméricos

sonrisas hubo mi faz

que anunciaban mi contento

contrastando los dolores

que laceraban mi cuerpo.

Señora: quisiera estar

otra vez muy más enfermo,

que estando en mi ánima tú

no quiero estar en mi acuerdo.

VI

Que cómo te llamas tú

inquieren todos, Señora:

por lo que tienes de flor

quiero que te llamen Rosa;

por lo que tienes de luz

que todos digan Aurora;

por lo que de perla tienes

que te llamen todos Concha;

por lo que tienes de Cielo

que todos te nombren Gloria;

y porque te amo y me amas

que digan que eres “Mi Novia”.

Que digan que eres mi musa

Porque estás en mis estrofas;

que digan que eres mi pena

porque estás en mis congojas;

que digan que eres mi dicha

porque mi alma se alboroza

si en sus negruras destacas

tu imagen deslumbradora.

Que vida mía te llamen

Porque eres mi vida toda…

………………………………….

Mas que te nombre Quimera

si han de llamarte “Mi Novia”.

José Inés Novelo

Continuará la próxima semana…

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