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Andrea y Pedro Herrera, y el legado de Titeradas

By on febrero 8, 2018

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Entrevista con Andrea y Pedro Carlos Herrera, hijos del inmortal Wilberth Herrera, creador de Titeradas.

Hablar de Don Wilberth Herrera es hacerlo de un genio cuya aportación a la cultura de nuestro estado es invaluable. Sus icónicos personajes de Titeradas nos deleitaron, tanto en el Teatro Pedrito como en la televisión, con una crítica social tan inteligente, tan atinada, que ocasionaba carcajadas espontáneas. Llegamos a quererlos tanto, que incluso era doloroso perderse alguno de los capítulos del programa de TV.

Para conocer más de cerca al hombre detrás del genio, visitamos el emblemático Teatro Pedrito, donde Andrea y Pedro Carlos amablemente nos abrieron las puertas del local, pero también las de su corazón.

¿Llegan a dimensionar el enorme cariño que la sociedad yucateca le tiene a su padre?

ANDREA: Yo me di cuenta precisamente el día del funeral de mi papá, porque una parte fue aquí en el teatro Pedrito y luego lo llevamos al teatro Peón Contreras a recibir los honores. Estuvo pletórico de gente desconocida que llegó a darle el último adiós a mi papá, gente que me decía: “Tu papá me hizo muy feliz”, “Tu papá me dio una gran infancia”, “Tu papá fue el mejor”. Ahí lo dimensioné y conforme ha ido pasando el tiempo desde que él no está, me ha caído más el veinte de esta situación

PEDRO: Siempre la cercanía te impide ver con proporción adecuada las cosas; pero, al ir pasando el tiempo, al conocer a gente que de alguna manera tuvo contacto con él te das cuenta qué tan importante fue para mucha gente. Hasta la fecha me encuentro gente en los conciertos que me preguntan no por lo que acabo de hacer, sino por mi papá, por los títeres, por Andrea. Te das cuenta de cuánto impacto tuvo en nuestra sociedad, en nuestra idiosincrasia yucateca.

¿Cómo fue crecer con él? ¿Cómo fue la infancia de ustedes?

ANDREA: Se divide en dos fases: la primera fue sumamente divertida y diferente; desde muy chiquititos grabábamos películas, mi papá hacía guiones, hacíamos títeres, aprendimos a trabajar, lo que nos convirtió en tres hermanos muy responsables. Pero también hay la otra parte, que es haber convivido con el genio que tenía su espacio, su momento, sus tiempos. Había que respetar mucho el tiempo en que él creaba; el tiempo en que no quería que supiéramos las sorpresas había que respetarlo.

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PEDRO: Hubo como una zona nebulosa en que parte de las cosas que hacían las familias normales no las hicimos nosotros porque no teníamos tiempo, porque mi papá era, como somos nosotros, adictos al trabajo. Para nosotros, la palabra vacaciones era como un poco extraña. Ir a la playa, descansar, olvídate de eso. No fuimos una familia que lo tuvo mucho, pero tampoco lo añoró mucho. Estábamos realmente en la adrenalina pura, no solamente haciendo las obras y la sala de fiestas donde nosotros trabajamos desde chiquitos, sino con la adrenalina de trabajar con mi papá, porque había que seguirle el ritmo. Era una persona que llegaba y te decía: “Tengo este guion y necesito que me hagas música de misterio, pero mezclada con esta pieza de Juan Gabriel.” Teníamos que ser muy ingenioso para poder seguirle el ritmo.

Ese grado de genialidad me imagino que fue fundamental para impulsar la creatividad de cada uno de ustedes.

ANDREA: Creo que, además, esa genialidad es la que hizo que él llegara hasta donde llegó, que su trabajo haya llegado y siga llegando a todos lados, porque él hizo todo un retrato de la sociedad, esa genialidad de ver algo más de lo que todos nosotros vemos. Me he puesto a pensar y no encuentro hasta ahora a nadie, y quizá no lo encontremos, que tenga esa chispa, esa genialidad, esa visión, ese ojo diferente para poder ver en las gentes, en la sociedad, en el mundo.

La retroalimentación que les dio su papá con la cuestión del humor, ¿qué tanto afectó para bien o para mal, si esto fuera posible?

PEDRO: Es una pregunta muy interesante: cuando eras blanco de alguna crítica de él, no te daba ninguna risa, porque era muy inteligente y te decía exactamente lo que quería decirte, de una manera en la que no podías llevarle la contraria. A mí me gusta mucho la definición de la ironía que dice que es la inteligencia del mal humor. Él era profundamente inteligente y profundamente irónico, y eso era mucho de lo que representaba en sus obras, esa inteligencia para decir las cosas de las que a veces te estás riendo siendo algo doloroso, algo que no debería darse en la sociedad, y sin embargo te saca una sonrisa.

¿Y en tu caso, Andrea?

ANDREA: El humor que él manejaba, toda la forma de retratar, de buscar, y también manejar esto entre él y yo. Creo que éramos un poco parecidos en nuestra forma de ser: nos queríamos muchísimo, nos amamos profundamente y nos admiramos también. Bueno, yo lo admiraba mucho a él, no sé si él a mí, pero yo a él sí. Lo veía como el hombre perfecto aunque, bueno, tenía sus cosas, como todos…

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PEDRO: Luces y sombras, definitivamente. Fíjate cómo tuvo tanto talento para retratar a tanta gente de nuestra sociedad, que muchas personas le reclamaban que los hubiera sacado en los programas, cuando no era así, cuando no era por esa persona en particular…

Era un óleo del contexto social.

PEDRO: Exacto. Tuvo un gran talento para la observación de la sociedad.

Hasta aquí la primera parte de esta interesante charla. La próxima semana publicaremos la segunda, donde hablaremos de Lela, Chereque y el invaluable legado de don Wilberth Herrera.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

Fotografías: JUAN ALBORNOZ y TITERADAS

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