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Tiempos de Crucifixiones

By on marzo 29, 2018

Editorial

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En estos momentos de profundo contenido cristiano, no puede decirse que, en acatamiento al mensaje liberador de su principal iglesia y culto, la paz en las mentes y espíritus corone las esperanzas de los pueblos.

Ahora mismo, en el seno judío donde ocurrió la historia religiosa original, los muros se alzan, no para registrar los lamentos históricos de un antiguo pueblo, sino para segregar a cientos de miles de habitantes palestinos a quienes se niega reconocimiento y dignidad.

En ese mismo contexto separatista, tres de los continentes se agreden y amenazan. En nuestro continente, América, los Estados Unidos, pregoneros del progreso y la riqueza compartida, distan mucho de haber resuelto los problemas de millones de ciudadanos de otros países que se hallan en su territorio pretendiendo el sueño americano de vivir, trabajar y progresar.

Todos los propósitos aún no se logran, ni lo harán en el mediano plazo porque el capitalismo galopante y los capitanes de la industria y la especulación financiera no lo permiten, ni lo permitirán.

En Europa, escenario de dos guerras mundiales por la búsqueda de prevalencia del capitalismo europeo sobre el de otras latitudes, las fricciones y crisis actuales son constantes. Se escuchan tambores separatistas, pugna entre países de la Unión Europea y las presiones hacia Rusia no tienen para cuando concluir.

En Asia, el despertar del gigante chino y los asombrosos crecimientos en las economías del otrora derrotado Japón, las dos Coreas y la India, contribuyen a que se incube una fuerte repulsa a las ansias de predominio norteamericano.

¿Y nuestro México?

El territorio continúa siendo sangrado por el retorno de sanguijuelas extranjeras (sobornos incluidos) y el monstruoso, cuanto creciente, apetito de funcionarios corruptos para cuya persecución y castigo existen leyes que se conocen, pero no se aplican, con lo que el libertinaje corruptor continúa.

Los actuales procesos para realizar y concluir investigaciones sobre corrupción son más dilatados que el tiempo para cubrir la distancia y poner pie en otra galaxia.

Históricamente, los pueblos de América han elevado merecidas estatuas a sus próceres, libertadores y grandes hombres de bien. Ante ellos renuevan promesas y resaltan personalidades. Año con año, estas conmemoraciones han servido más como aparadores para el lucimiento de aspirantes a nuevos puestos políticos, que como marco para dejar mensajes firmes que arraiguen en las conciencias de ciudadanos comunes –crecientemente conectados a redes sociales, tiempos para ver televisión o escuchar radio e incluso recursos económicos para adquirir periódicos o revistas– en las que puedan encontrar alguna idea novedosa.

La realidad no nos hace ver en cada familia lo que ya es: un ejemplo actualizado de Cristo; antes, como ahora, incomprendido, acosado, perseguido, explotado para hacer milagros (con su salario mínimo) y crucificado después de latigazos económicos y cargar su cruz hasta el Monte Calvario de su vida triste.

Y es triste para el ciudadano observar que su descendencia seguirá el mismo camino de sacrificio, hasta llegar indefectiblemente al Calvario colectivo, un inconmensurable panorama de cruces que dará cuerpo y justificación al refrán: Polvo eres y en polvo te convertirás.

Pulvis eris et en pulvis reverteris.

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