Te Amo en Tres Palabras

By on diciembre 7, 2017

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XXXVII

TE amo en la plenitud de mi tristeza,

en la boca esperada y en espera,

en las manos que tiemblan y se rompen

de eternidad en el contacto,

y en los huesos del alma de Dios estremecido.

Terriblemente, irremediablemente

te amo hasta quemarme y consumirme

hasta caer en gotas y relámpagos,

hasta decir: “Dios mío, todavía

me queda un corazón y un dulce aliento

para vivir en ti dándome muerte.”

Te amo en esta hora

de tu boca diciéndome: “no quiero”

y tus ojos: “el tiempo es de nosotros”

y tus manos: “qué bien, eres ya mío”.

Te amo con dolor y hambre del mundo

y con estas palabras de mi júbilo.

He dicho ya cómo te amo, ¡oh mía!,

pero no he dicho nada todavía.

Te amo en el invierno de mi otoño

y en las seis estaciones de mi sangre.

Te amo en maya de mi tierra

pero con la gramática paloma

-nervios del corazón en el espíritu

y grácil madurez de la amapola.

Te amo yo, te amo yo… Te amo

en el avión correo trasatlántico,

en las máscaras indias y los peces sombríos,

en el verde remoto de las jades

y en el azul de la obsidiana mística.

Te amo con mi vida en una fuga

de venados que danzan y cristales,

y con jugo de fruta en vasos bíblicos

de melón y con sangre de la tierra.

Te amo con un verde y con un rojo

que se quiebran en ti por lo perfectos;

con el verde Fray Luis que le nacía

del alma y en el campo lo ponía;

y con el otro verde García Lorca

que lo decía verde y lo quería.

Con un rojo tan rojo envejecido

de verse rojo hasta la nieve Góngora,

que amanece la noche en las alondras.

Te amo en estos pájaros sin alas

que dicen rosas los que entienden olas,

o pájaros con alas que no vuelan

o alas nada más que no se mueven,

y si movidas por el aire, quedan

volando aprisa en la ilusión del tallo,

tallo motor en el florero, y cantan

con todos los pulmones de las hojas.

Qué bien estoy cuando te amo en estas

frutas amigas de tu gozo lento;

en guanábanas fáciles al gusto

y muy señoras cuando están de fiesta.

Pero tú no conoces la guanábana

Sino por fotográfica dialéctica,

con un trópico casi conmovido

por árboles extraños y paisajes con prisa.

Dicen que los paisajes son estados

de alma, pero un árbol tiene siempre

su alma gravitando en el paisaje,

y así, las almas, árbol y paisaje

se entrelazan y gritan con mi sangre

-esta manera de gritar tan mía-

que yo te amo en un estado de almas

que viven con su muerte mi amor desesperado…

Oh, pero yo te amo, yo te amo

en un sorbo de música surtida

de guanábana cósmica, quemada

por la nieve de sed de los poemas.

No la conoces, pero yo te digo:

¿para qué, si en un diálogo de fresas

entran a compartirlo las granadas,

y en una fresca atmosfera de jícamas

llueven –solaz pletórico- las uvas?

Clemente López Trujillo

Continuará la próxima semana…

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