Sistema para Viajes Nocturnos

By on noviembre 23, 2017

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PRESENTACIÓN

 Un libro como afirmación de que el hombre existe responde a las interrogantes del ser, y ofrece derroteros para sortear turbulencias y abismos.

Preserva con la palabra impresa vigilias cobradas desde el almario de cada época por la recepción de los escritores.

La perseverante creación literaria acompañando nuestra historia ha moldeado el rostro especial de la cultura yucateca, y generado la autoconciencia que de ella tiene este pueblo.

Géneros literarios, estilos, edades, temas, convergen, traduciendo a la praxis la democratización en la cultura.

La diversidad y policromía de los textos que se agrupan en la presente Colección de nuestros “Yucatecos hacia el nuevo milenio”, muestra que todas las voces tienen cabida en el Proyecto Cultural del Estado, y que su permanencia será confirmada por el juicio de sus destinatarios y el tiempo.

SISTEMA PARA VIAJES NOCTURNOS

Leí los fragmentos de memoria de algunos revolucionarios publicados en el periódico que me obsequiaste, gracias, pero he de decirte que cada vez que abordamos el material sobre luchas quedo vencida; me pasa incluso cuando charlamos acerca de ello: no tarda en llegar el tedio que a veces he nombrado –y no dudo que tú también– como “me aburres” y, sin nada que decir, porque los espacios en silencio son elocuentes, llegamos a la despedida, al auto que me deja en casa, a tu beso hasta quizá mañana y a la tez morena que enuncia la promesa de mayores placeres en el próximo encuentro. Mas la verdad es que la madrugada me ha interrumpido en eso de querer llevar a planos de inconsciencia lo que hemos grabado; de tal manera despierto con urgencias de averiguar mis nervios clave, de reconquistar el tiempo donde compartimos la rubia y los labios sensuales abiertos, a ganar puntos que por tu ansiedad siempre nos descuentan.

Debo mantener al margen de las noches donde me refugio en la luz amarillenta de la lámpara negra, tan negra como el cuero que hizo de segunda piel, los diarios personales de los héroes del pasado, para que nuestras manos sobre las teclas apuren los gemidos memorizados desde que me enseñaste el juego.

Los héroes modernos me asustan por repetir la constante para crearse necesidades por la salud social, nosotros la reproducimos por la salud sexual; la mente, mi querido compartido, a veces no está preparada para disparar sobre el pasado con la premura del presente, con la insalubridad avecindada en las tardes frente a la pantalla donde reímos con la obscenidad, creyéndonos a salvo en la observación de piernas abiertas y manos encontradas en el clítoris, observándonos por medio de la respiración desafiando el aguante, incluso en el repetir frases para hacerlo de nuevo.

No resulta grato que las lecturas nos digan, una y otra vez, que un héroe revolucionario también es traidor para aquellos a quienes arrebatan el poder; me horroriza descubrirnos en él. Somos buenos y malos según las normas de los otros, y nuestras guerras son tan similares que ahí encuentro la puerta entreabierta para el análisis del porqué nos perseguimos, nos imponemos leyes y castigos, como los encuentros para cuando exista tiempo sin algún otro, con las medidas y precauciones preconcebidas vía telefónica.

Todos se refugian en su parte bondadosa, en la creencia de ofrecer lo mejor de cada uno, nos usamos al compartirnos, por eso has de reconocer que no estamos exentos. La rubia hizo su parte tras las puertas que nos permitió penetrar después de su recorrido en la moto; los guerrilleros hacen lo mismo, tocan puertas por internet y encuentran a otros nautas como tú y yo, dispuestos a saciar el morbo de presenciar muertes, donando dinero a cambio de suplir nuestras soledades con alguna sensación de andar satisfechos en vías del bien comunitario, ya que la clemencia para sí y la fidelidad las dejamos en algún agujero negro. De algún modo contribuimos a las causas del compact disk obtenido a través de compras por televisión; de algún modo matamos lo que aún queda de las recomendaciones patriarcales.

Hace varios años creí en los héroes, en la revolución y hasta en la democracia, en las virtudes del ser para deambular por sociedades igualitarias en sus garantías. Tuviste el acierto de comprobarme que todo es juego donde la habilidad para engatusar, mentir y triunfar, depende de aliarte con el que pueda ejercer el dominio, sobre todo en los amorosos, los que nos permitimos nombrar “amar al prójimo” cuando sentimos que nos agrede la presencia de la pobreza y la dominación, los que llamamos “amor” al sexo rápido y sin compromiso, los que formamos tríos, los que buscamos hasta encontrar el orgasmo múltiple por medio de manuales y muchas horas de práctica. Me enseñaste que ahora todo es cuestión de sumir la tecla con la mano enguantada, y por eso ahí andamos, como los encapuchados, fumando y cabalgando sin importarnos el tiempo de vida para menesterosos y minusválidos.

La forma segura de ir hacia viajes nocturnos es acompañados; las horas para dormir se vuelven sueños y las pesadillas no tienen balas, ni selvas y pantanos, ni siquiera rostros que no se reconozcan o caídas con límite al tiempo del sudor y la angustia de comprobar que estamos vivos y en cama. Esta forma en la que voy despertando desde que decidimos el cuándo, con quiénes y dónde, me altera el ritmo y puede ser que pronto, durante nuestros juegos, retire el sillón un poco atrás de su espalda.

Desafortunadamente, cada uno de nosotros comparte sábanas con distintos alientos. Es la era de la computación, la brusquedad en la rabia de conocerse atado a lo establecido y la necesidad de conservarnos muy propios. Sin embargo, te ofrezco ante el nuevo juego que prometiste conseguirnos, no hacer llamadas telefónicas como se nos ha vuelto costumbre al tomar cada uno el control sobre la rubia.

Te solicito, sin copias para alguien, que cambiemos de temáticas, que evitemos los periódicos y los comentarios de los noticieros y, por último…, que no seas tan cerrado. Consigue un compact donde el personaje con el cual nos entretengamos sea hombre, pero no de guerras.

Próxima semana: “Y ahí se mojaban los pulmones…”

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