¿Silencio Electoral?

By on febrero 15, 2018

Editorial

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Se ha dado en esta semana un fenómeno curioso en México.

Sin proponérselo, las disposiciones profanas, religiosas y políticas han coincidido en la congelación de acciones paganas y religiosas con la conclusión de carnavales –“fiestas de la carne y las pasiones” – y el inicio del período de reflexión y paz interior que han impulsado, desde el principio de la era cristiana, los ministros de la iglesia católica.

Coincidentemente, en nuestro país, México, las regulaciones electorales obligan ahora a los actores políticos al silencio, después de concluido el término de registro de candidatos a puestos de elección “popular” (¿?).

Un largo período de reflexión política y de preparación para el inicio formal de campaña ha dado comienzo y –caso raro– se ha ensamblado con el inicio de la cuaresma católica. Ambos culminarán simultáneamente.

Si los actores políticos respetan, o no, los términos de la veda propagandística, allá ellos.

Mas ¿lo harán? No será posible. Hemos visto, y lo continuaremos observando, que la virulencia de la llamada “guerra sucia”, que se auspicia desde los variados muladares políticos, se ha venido incrementando, tanto en maneras como en medios de comunicación que incluyen los cibernéticos.

La guerra sucia no es nueva. Es el tradicional rumor o chisme popular elevado a la “n” potencia. Y por sus orígenes oscuros, su ausencia de maternidad original, continuará golpeando las mentes por las vías del rumor, las imágenes trucadas, los textos manipulados, o la abierta denigración de los adversarios personales, políticos o partidistas.

¿Tendremos silencio electoral? Por disposición de ley, sí. Por razones específicas de los grupos en pugna, no.

El ciudadano común continuará siendo objeto de agresiones continuas a su forma de pensar, sus ideas propias, su integridad mental.

¿Tendremos coincidencia religiosa, legal y política en cuanto a tiempo de silencio y reflexión, recogimiento interno y reflexión sana y constructiva? Para nada.

Hay demasiados intereses en juego. Está de por medio la continuidad de un sistema condenado y sentenciado a la ruptura de las cadenas que han venido anclando a intereses mezquinos el futuro de nuestro país.

En asuntos religiosos, los mexicanos mostramos respeto. Mas en política persiste la vigencia de que “el fin justifica los medios”, y eso deja en el camino de los buenos propósitos a las leyes y disposiciones electorales.

Sic transit gloria mundi…

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