Severa Fractura en el PRI

By on junio 22, 2017

Editorial

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Severa Fractura en el PRI

Graves sucesos ocurren al interior del coloso tricolor que ochenta y ocho años se ha enseñoreado como la mayor fuerza política organizada en la historia de nuestro país. La idea de unir a grupos participantes en la Revolución Social Mexicana, y detener la oleada de asesinatos de sus principales cabecillas detuvo, por lo menos aparentemente, las acciones violentas por unos años. Los buenos propósitos e intenciones se declararon, e incluso pusieron en práctica, con la organización de campesinos, obreros y gente de ciudad que ya apuntaba a organizarse en grupos políticos dentro de la creciente ola de creación de empleos burocráticos que siempre han inflado los presupuestos nacionales.

El Partido Nacional Revolucionario, el Partido de la Revolución Mexicana, y luego el Partido Revolucionario Institucional, han sido tres intentos de control absoluto de las masas votantes, para lo que se hizo necesaria la creación de cacicazgos internos como el sindicalismo con líderes perpetuos, liderazgos agrarios por regiones con dirigencias campesinas domesticadas, y puertas abiertas a todos los demás grupos dentro de un espectro tan amplio como el carácter popular con que se les ha designado.

El inmovilismo de las dirigencias, los intereses creados, la carencia de liderazgos auténticos, no de forma, dieron origen al fenómeno del acarreo político, la imposición de líderes a modo, y la aparición de rupturas internas y/o acomodos para que no operase aquella frase famosa de que “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.”

Al paso del tiempo, ese esquema se agotó, o más bien fue siendo sustituido por el poder omnímodo del gobernante en turno quien, desde su palacio presidencial, manejaba candidaturas a gobernadores, congresistas, directores de áreas de gran manejo económico o carga política. De entre su equipo habría de salir el candidato que continuara con este sistema operativo protector, en todos los sentidos, de los intereses del grupo en el poder, que por varias generaciones ha visto y manejado este sistema de actuación.

Eso fue hasta hace unas semanas, a inicio de junio, cuando, con toda su capacidad y manejos, no pudo lograr convencer con un triunfo limpio en su sede: Atlacomulco, y el Estado de México. Ese tropiezo ha fracturado indefectiblemente la posible continuidad del grupo originario del lugar y las alianzas que existen con otros liderazgos coludidos.

No pueden ocultarse más el hartazgo social, la pobreza extrema, el desempleo, los servicios públicos deficientes, a los que hay que agregar la amenaza de personajes desplazados que ahora gritan “quítate tú para ponerme yo.”

Ante esto, se buscan alternativas: Que si una segunda vuelta, que si hacer el voto obligatorio, que si ahora sí la Revolución de 1917 abrirá las puertas a la vocación del pueblo y será pródiga la justicia social, etc.

Los intereses en juego son enormes, y la caballada está flaca, como decían los políticos antiguos. No olvidemos que cuando surgieron esperanzas en Colosio se llegó al asesinato, no solo de él, sino de líderes del PRI nacional.

Los demandantes de ahora, grupos políticos ansiosos de acceder al poder y los presupuestos públicos, han trazado su raya. Ahora exigen. Y dentro del propio PRI la insubordinación crece a la vista pública y se hace viral.

Si es simple sainete, crisis auténtica o inicio de conflictos mayores, habremos de saberlo pronto, muy pronto.

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