Semana… ¿Santa?

By on abril 13, 2017

Editorial

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Semana… ¿Santa?

Hasta hace algunos ayeres, la grey católica mundial dedicaba los días de esta llamada “Semana Mayor” a rememorar y vivir con intensidad su fe a partir de la simbología del Domingo de Ramos, entrada triunfal alegre de Jesús a Jerusalén. Los templos rebosaban de fieles, de familias, de simbología.

Las imágenes se cubrían con paños morados, las confesiones, las misas, las pláticas eran frecuentes y los medios de comunicación llenaban sus planas o sus espacios noticiosos con informaciones de los eventos programados en los distintos templos locales, nacionales o de otros países para conmemorar la vida, el sufrimiento y el sacrificio del Cristo Crucificado, que renacería al tercer día de su muerte en aras de la salvación de la humanidad.

En las casas, las oraciones, las vigilias y los ayunos, eran motores de unión familiar en torno a las creencias de la religión católica cristiana.

En la actualidad los templos cumplen, como siempre, su función de mensajeros y promotores de la palabra de salvación de las almas, pero éstas, en una gran mayoría, ven en los días religiosos de guardar tan solo una oportunidad de paseo y diversión, cuando no de destrampe físico y ambiental.

La Semana Santa de hace unos años, toda unción y respeto, se va convirtiendo en un período dedicado a la diversión, al paseo, al turismo y al olvido de los complejos problemas cotidianos que se convierten en acicate para escapar a la rutina laboral o familiar. Es más, las mismas congregaciones religiosas han venido actuando en consecuencia, presentando espectáculos y escenificaciones para atraer visitantes y la derrama económica que generan.

En el Distrito Federal, Iztapalapa; en Yucatán, Acanceh. Algunas comunidades urbanas de Mérida, y varios municipios, preparan con anticipación sus cuadros religiosos y eligen a los actores participantes.

¿Es que acaso se está perdiendo la antigua religiosidad? No puede afirmarse. Lo que sí ocurre es que, por una parte, la voracidad empresarial y de los propietarios de sitios vinculados a la atención y servicio a visitantes ve en estas fechas un filón abierto y explotable a su plena disposición; en tanto, los viajeros, potenciales consumidores todos ellos, ven en estos días una puerta de escape a la en veces angustiosa situación de la que son cautivos inocentes, por lo que ansían alejarse de los problemas cotidianos, así tengan que empeñar o prestar para viajar, gastar, divertirse, y alejarse del foco central de sus diarios problemas en las oficinas, dependencias, el taller o los domicilios.

Y no es que los viajeros sean ateos o menos religiosos. En esto actúan como simples seres humanos que buscan hallar en otros aires, sitios y circunstancias una pausa a sus numerosos conflictos cotidianos.

Ya habrá tiempo y lugar en los días subsiguientes para el arrepentimiento, el propósito de enmienda y el perdón.

Así sea.

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