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Revistas teosóficas

By on junio 7, 2018

El Sendero

José Juan Cervera

Las creencias minoritarias cumplen un papel significativo en el desarrollo de importantes procesos culturales que se enriquecen con influencias diversas, asimilándolas de tal manera que incorporan algunos de sus elementos a nuevas formas de expresar la percepción de sus circunstancias históricas. Por este motivo, la suma de contenidos provenientes de orígenes distintos representa una tendencia general que no siempre se examina con el detenimiento requerido para comprender sus alcances de fondo.

La teosofía es una doctrina que desde las primeras décadas del siglo XX halló un terreno fértil para florecer entre algunos sectores ilustrados de la península de Yucatán, innovando prácticas sociales y lazos de convivencia civil, tal como puede apreciarse en los registros impresos que dan noticia de ello. La Sociedad Teosófica, que fundó Helena Blavatsky en 1875, se extendió a diversas partes del mundo hasta llegar a Yucatán, en donde surgió su primera logia en 1914, dependiente de la sección cubana de dicho organismo internacional. La teosofía postula una síntesis de contenidos religiosos, filosóficos y científicos, basando una de sus principales fuentes en las tradiciones orientales.

Antes de crearse la primera asociación teosófica en Yucatán, que recibió el nombre de Mayab, llegaban al estado algunas publicaciones periódicas que propagaron estas creencias; si bien se editaban fuera del país, algunas de ellas estaban escritas en castellano, precisamente para incidir de forma más directa en sus lectores y allegar nuevos prosélitos a su causa.

El Sendero Teosófico

Este fue el caso de El Sendero Teosófico, revista mensual internacional con sede en Point Loma, California, que tuvo como directora a Katherine Tingley; su tomo V abarca los meses de julio-diciembre de 1913, y aceptaba suscripciones de Cuba, México, Puerto Rico y otros países del continente.

Los propósitos formativos de la revista se hacían visibles en artículos y ensayos, narraciones y reseñas históricas, que alternaban con notas alusivas a las actividades de las organizaciones teosóficas. Por ejemplo, abordó temas como los conceptos de justicia desde las perspectivas de Oriente y Occidente, relacionadas con nociones éticas como la misericordia y la retribución; las creencias en torno al karma formuladas en aforismos, la solidaridad, el problema de la guerra, las funciones cerebrales, el amor al arte, y el desarrollo de las cualidades personales en distintas etapas de la historia.

También era posible encontrar escritos que tendían a justificar una interpretación racista del devenir humano, como uno que, partiendo de la recomendación de leer las obras de la principal fundadora de la Sociedad Teosófica, argumentaba lo siguiente: “Si los científicos se dignasen estudiar La doctrina secreta, hallarían la clave para muchos problemas que parecen inexplicables. Podrían ver, por ejemplo, que durante el período que la ciencia llama el Siglo de Bronce existían en otras regiones del globo naciones poderosas y altamente civilizadas; exactamente como hoy existen los degenerados descendientes de civilizaciones antiguamente grandes, cuyos representantes pueden verse en los hotentotes del África del Sur o los aborígenes de Australia. La civilización y el salvajismo han sido siempre contemporáneos como lo son hoy día.” No obstante, cabe considerar el alegato que atribuye esta interpretación a traducciones erróneas de las palabras originales de Blavatsky.

Algunos números de la revista prestaban atención a relatos tradicionales de varios pueblos, como cuando presentaban alguna leyenda sueca o maorí o un cuento galés; con ello, a la vez que llamaban la atención sobre la diversidad de experiencias que pueden apreciarse a lo largo del mundo, hacían residir su valor en el hecho de transmitir una enseñanza moral, a pesar de la escasa familiaridad que pudiera mostrar el origen exótico de sus pasajes.

El Sendero T

El Sendero Teosófico traía consigo numerosos grabados y fotografías, de gran belleza y nitidez, así como información etnológica e histórica de países como Bolivia, Perú y España. Destaca una bien documentada semblanza del educador cubano José de la Luz Caballero. En lo que toca a su sección de publicidad, anunciaba productos de Argentina, Chile, Cuba y Estados Unidos de América.

En la década de los veinte comenzaron a imprimirse publicaciones periódicas locales de contenido teosófico, como Gyan y Teosofía en Yucatán, que sus adeptos fundaron para estimular la apreciación de sus conceptos esotéricos, e incluso sugerir hipotéticos vínculos milenarios entre las tradiciones autóctonas y las civilizaciones foráneas.

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