Primicia de luz

By on septiembre 14, 2018

Sol Los lamentos

José Juan Cervera

Las voces femeninas, en su expresión poética, nutren espiritualmente al género humano de modo semejante a la misión que, en el plano biológico, sienta la base de su condición histórica, prefigurando todo hecho social que se aloja de modo perdurable en la conciencia colectiva cuando perfila germinalmente las pautas de convivencia en el escenario cambiante de los tiempos.

En su poemario Los lamentos del himen, Sol Ceh Moo forja su concepción de la poesía desarrollándola como un proceso integral en el que la vida fluye intensa, tangible y envolvente en cada pasaje de su discurso literario. Plasma la experiencia universal de la humanidad haciendo valer el enunciado sutil de una de sus lenguas autóctonas más vigorosas, cuya dignidad expresiva confiere matices peculiares a la realidad sustancial que evoca. En ella, la naturaleza no aparece como un simple recurso ornamental, sino que transmite la clave de una asimilación cotidiana, espléndida en su envoltura de palabra versificada, con la suma dinámica de seres, ciclos y representaciones que palpitan en la plenitud de cada punto de encuentro que el lector emprende.

En el lienzo de estos poemas, las pasiones cobran la fuerza que conduce su impulso primordial en los renovados cauces que la civilización lleva a ensayar, pese a las restricciones aplicadas en opacar todo brillo libertario cuyas caídas e íntimos triunfos no podrán cuantificar los registros estadísticos porque sus vuelos alientan en atmósferas ajenas a las que recorre la mente en su escrutinio formal.

Sus referentes simbólicos se ligan estrechamente con los elementos naturales que, al acompañar la vida humana, enmarcan su percepción aportándole un claro sentido a sus nociones del tiempo y del espacio, facultándola a intuir los lazos sacros que transfiguran su experiencia diaria al dotarla de una lucidez que neutraliza las paradojas para atemperar juicios y conductas reactivas.

La cristalización de mitos de gran poder persuasivo permite habilitar fuerzas oscuras o liberadoras para ahondar tajos fatales, o para desatar delirios que en última instancia relucen con el valor de una ofrenda de amor, o encierran una fuente de desencanto, tendidas al paso de las estaciones, para dictar el tono de sus cantos regocijados, o acaso para replicar el eco desgarrador de sus lamentos.

Con la aprehensión mística del significado de los objetos y acontecimientos del mundo, el espíritu creador sobrepasa la contingencia de sus pulsiones inmediatas para captar la vibración intemporal que anula las apariencias garantes de la disociación y el aislamiento de la voluntad, trazando en ella el límite artificial de la expansión de sus orígenes, para restaurar en cambio la medida de la intuición y de la serenidad esclarecedoras.

Es por ello que la sabiduría del cuerpo dignifica el valor primordial de la virginidad simbólica y de la pureza que, asida de analogías, construye su camino con la audacia de vivir y de rectificar sus pasos cada vez que sea preciso ennoblecer la existencia, comprometida en la misión de fecundar un nido cuya tibieza santifica la intimidad de sus frutos en el ritmo pausado de la melodía que los hace florecer.

Sol Ceh Moo, Los lamentos del himen. Mérida, Maldonado Editores del Mayab, 2018, 45 pp.

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