Otra Desgracia en México

By on septiembre 21, 2017

Editorial

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Otra Desgracia en México

El Popocatépetl, volcán vigilante de la macro ciudad de México, avisó con un día de anticipación de los sucesos lanzando una extraordinaria columna de humo. La naturaleza avisaba y daba señales de un peligro inminente.

Las autoridades convocaron este 19 de septiembre reciente a una movilización preventiva, de sensibilidad y ejercicio, ante una posible repetición del infausto acontecimiento de 1985, exactamente ocurrido en tal fecha hace decenas de años.

Coincidentemente en la misma fecha, ha ocurrido, durante el día a conmemorarse con un simulacro, otro temblor de 7.1 grados en la escala de Richter que ha cobrado vidas y bienes, poniendo a prueba los valores de los habitantes de la CDMX.

La ciudad de México, sede de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, de la cúspide religiosa, de los grandes capitalistas y financieros, fue sacudida de manera dramática por una naturaleza que les recuerda su fragilidad y debilidades.

Entre los más golpeados moral y físicamente por estos lamentables sucesos están los residentes de la gran metrópoli, en los que afloró de nuevo el espíritu colectivo y la solidaridad ante una gran e inesperada nueva tragedia.

En tanto el jefe de la Nación y su comitiva estaban entre nubes, en el costoso avión presidencial, el pueblo, de manera unánime se activó para los rescates, ayuda directa y trabajos de limpieza en zonas críticas para ubicar sobrevivientes.

Los medios de información, especialmente televisivos, iniciaron una competencia abierta con informaciones parciales, cumpliendo sí, pero ubicando sus conveniencias e intereses, más que sirviendo como respaldo pleno a una población temporalmente desorientada y presa de angustia y desesperación.

Pasan a últimos lugares las disputas políticas y partidistas, los análisis inadecuados sobre posibles candidatos presidenciales, a gobernadores, senadores, diputados y demás, las coaliciones, frentes y alianzas de intereses políticos.

Los esfuerzos colectivos nos obligan a reencontrarnos en esa solidaridad humana que tanta falta hace en estos momentos de crisis nacional, de dolor y lágrimas.

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