Nocturnario

By on febrero 8, 2019

Nocturnario_1

Aída López

Galán de Noche lo llamaron los que noche a noche lo vieron caminar entre las sombras, acompañado de misterio.

El aroma de su perfume acentuaba su paso justo a las diez. Se rumoraba que iba al encuentro del fantasma de su esposa; no faltó quien especuló que era el mismísimo diablo que entraba en las habitaciones de las mujeres vírgenes sin convicción.

Algunas doncellas salían a su paso en busca de su mirada o la promesa de una sonrisa, pero el Galán de Noche caminaba hacia su destino sin distracción.

Balcones abiertos entre penumbras eran invitaciones desdeñadas por el caballero que pasaba sin ver.

Quienes intentaron seguirlo se perdieron en los sinuosos caminos que parecían no llevar a ninguna parte. En noches de luna, el negro de sus vestimentas adquiría la plateadura del satélite; y en noches de lluvia, su fragancia penetraba.

Incontables mujeres no dudaron en irse con él; algunos hombres celosos intentaron increparlo. Todo fue inútil: el Galán de Noche nunca perdió el perfume que anunciaba su presencia, ni el acompasamiento de su andar.

Todavía hay personas que aseguran sentir su aroma y escuchar sus pasos en punto de las diez, como antaño…

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